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Amores que matan

Amores que matan

lunes 04 de febrero de 2008, 19:39h
Actualizado: 06 de febrero de 2008, 07:27h
Manuel Guedán, profesor de la Universidad de Alcalá

Los obispos españoles han entrado de lleno en la campaña electoral y lo han hecho a través de sus armas tradicionales, las homilías de los domingos, y de otras más modernas: los comerciales, poderosos y conservadores medios de comunicación de los que son propietarios.

    Tendríamos que retrotraernos a los años de la dictadura para poder encontrar un ejemplo similar de ingerencia política de la jerarquía eclesiástica, en aquellos tiempos, a favor del Gobierno de Franco. El nacional-catolicismo fue la principal fuerza ideológica del régimen dictatorial y, durante mucho años, los obispo levantaron el brazo –cuando lo requería la liturgia de los actos civiles- y se sentaban en los escaños del simulacro de Parlamento que funcionó durante la dictadura.

    En la transición –de 1977 a la década de los 80- la Iglesia sufrió una penalización social por haber sido colaboracionista con aquel pecado mortal, que fue el franquismo, y se mantuvo en un segundo plano. Los años fueron pasando. La sociedad española se fue convirtiendo en  una sociedad tolerante con las minorías y liberal en sus costumbres y la jerarquía eclesiástica –unida a un amplio sector de la derecha política- decidió recuperar el terreno perdido y pasar a la ofensiva, a pesar del buen trato recibido por los todos los Gobierno, ya sean de derechas o de izquierdas. 
Porque en España, como quizá en ningún otro país europeo, la Iglesia disfruta de enormes privilegios económicos y legales y en los colegios públicos se enseña la asignatura de religión, aunque no sea obligatoria, como viene siendo su pretensión. Y, a pesar de eso, en estas elecciones se ha metido en campaña de manera contundente y ha decidido apoyar al Partido Popular y denostar al socialista, lanzando un manifiesto de 10 puntos, en el que, entre otras  recomendaciones, figura la siguiente: “los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe”. Y a continuación recoge una serie de puntos, incompatibles con dicha fe, que coinciden exactamente con las realizaciones del actual Gobierno Socialista y con el programa de la derecha. Según el catálogo de los obispos, un católico ni siquiera debe votar al Parido Nacionalista Vasco –que pertenece desde los años 40 a la Internacional Demócrata-Cristiana.

    Es tal la intromisión de los obispos en la política nacional que incluso llega a descalificar las negociaciones del Gobierno con ETA. Pero lo paradójico es que, los obispos participaron directamente en el proceso de negociación con ETA que inició el  Gobierno Popular de Aznar. El 19 de mayo de 1999, en el Hotel de Vellvey (Suiza), junto al secretario de Estado de Seguridad y a dos personas de la máxima confianza de Aznar, se sentó, como testigo, el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte.
Aquella reunión fue apoyada por la Iglesia y ahora, esa misma Iglesia, condena las negociaciones de Rodríguez Zapatero. ¿Doble moral?. Por supuesto, pero es posible que se vuelva en contra. Al electorado español no le gusta que le amenacen con el pecado por votar a tal o cual Partido y creo que esta intromisión tan cínica de los obispos puede perjudicar al Partido conservador. Hay amores que matan.
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