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El país paralizado momentáneamente

Obreros se enfrentan a la Policía Nacional

Obreros se enfrentan a la Policía Nacional

miércoles 13 de febrero de 2008, 17:21h

La verdad no llega a la trincheras

En las arterias más importantes de la capital se enfrentan obreros de la construcción, agrupados en el Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción y Similares (SUNTRACS) contra antimotines de la Policía Nacional. Los fines de semana comparten los mismos espacios desolados de los barrios de la periferia, tomando cerveza jugando softball. Las cúpulas hacen lo mismo, entre risas, jugosos filetes y copas de vino, acordando que las cosas cambien un poco, para evitar que de una vez por todas cambien radicalmente. Nadie desea un cambio así, pues nos acostumbramos a la gradualidad.

Los obreros reclaman más seguridad en las obras, donde el año pasado murieron 27 de ellos, sin que hasta hoy haya mejorado la seguridad; en lo que va del año han muerto otros 2. Y hay que agregar 3 más, producto de diferentes enfrentamientos en las obras, ya sea entre ellos y lo que el SUNTRACS llama sindicatos amarillos montados por el gobierno y las constructoras, o entre obreros y Policía Nacional, como ha sido el caso de ayer en Colón, donde murió el obrero Al Iromi Smith Rentería, dirigente sindical, de un disparo en la espalda. Los obreros mantienen en su mochila de luchas el alto costo de la vida, la corrupción, la falta de seguridad en las calles, el transporte y la falta de oportunidades para las clases populares.  El presidente Martín Torrijos ha llamado a la cordura esta mañana, mientras participaba en la celebración de un acto religioso en memoria de su padre, el general Omar Torrijos Herrera. Prometió investigar la muerte de Al Iromi Smith, y castigar a quien se encuentre culpable. Los obreros dicen que es un discurso viejo y gastado, y que no saldrán de las calles, donde resistirán hasta las últimas consecuencias. La calles de la ciudad de Panamá, de la provincia de Chiriquí, la ciudad de Colón y otros puntos aislados se encuentran sitiados por los obreros, que se hacen fuertes tras jornadas de lucha bien organizadas, que han hecho retirarse en varias ocasiones a los antimotines. Pero la verdad no llega a sus trincheras, como tampoco llegará a la sociedad civil que anda a pie. La verdad volverá a ser el privilegio de los dirigentes de ambos bandos, que pactarán lo más conveniente para sus vigencias, mientras se inhibe la acción más importante: pensar colectivamente.  
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