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Gdansk: Sueño de ámbar en el norte de Europa

Gdansk: Sueño de ámbar en el norte de Europa

Salgo muy temprano del hotel, mapa en mano y con un ánimo de aúpa, y sin mayor distracción me encamino al casco antiguo de la ciudad. Estoy en Gdansk, la mayor ciudad portuaria del norte de Polonia y del área metropolitana Trójmiasto (o tríada de ciudades junto con Sopot y Gdynia, colindantes a donde me encuentro).
Largas avenidas se extienden hasta donde alcanza la vista, flanqueadas por líneas de edificios con la fachada tópica de Europa del Este de colores vivaces y en pleno contraste, más allá de la paleta del maestro Stanisław Wyspiański, donde elementos arquitectónicos antiguos y modernos se suceden constantemente perpetuando un lance eterno. Y así es Gdansk, pareja a la efervescente actividad constructiva postsoviética aún prevalece el arraigo por las tradiciones, frente al uso extendido del tranvía, autobús o demás medios de automoción la bicicleta cobra un peso importante a la hora de desplazarse por la ciudad, ya sea por conciencia medioambiental, actitud práctica para acceder al trabajo, escasez de numerario o puro deleite al escuchar el runrún que se desprende al contacto de la goma contra el asfalto; todo ello englobado en un respeto por la naturaleza admirable.

 
Continúo por el arcén y el disco rojo me indica que debo parar. Allí encuentro un cartel de la ciudad que anuncia una de las fiestas más populares de la región: la fiesta dominical, ya empezada una semana antes. Continúo y cruzo un parque que termina en el centro de la ciudad. Entro a través del arco triunfal que da la bienvenida en la mitad sur del conjunto y la algarabía general hace presa la situación: filas de mercadillos, museos rebosantes, turistas inquietos y mesas de paparota preparadas para el festín. La tenue música de apertura evoluciona increscendo, que junto al olor de la carne recién churruscada, ejerce un efecto polarizador que no me resisto a desdeñar. Allí descubro que las cervezas a la par que baratas y en cantidades considerablemente altas, están riquísimas y las salchichas, que gozan de gran tradición en toda Polonia, no merecen menos consideración que el consabido “bocata di cardenale”.

  
Tras el museo de ámbar se abre una nueva avenida donde se encuentran dos de los monumentos más característicos de la ciudad, la gigantesca Bazylica Mariacka dotada de un marrón tostado que apela a la atención del viandante y la torre del Museo Histórico de Gdansk, cuyo esqueleto aparece conformado por cientos de angostos escalones en una interminable escalera de caracol, pero a cuyo fin se extiende una vertiginosa panorámica de la mayor parte de la urbe hasta el borde del Báltico, si el viajero place de acudir en horas diurnas, mientras que al caer el crepúsculo semeja mirar desde las alturas a un campo plagado de diminutas y multicolores luciérnagas que no representan otra cosa que el bullicio nocturno de los locales de música varia, pubs, bares y demás lugares de tertulia.

    A su lado se extiende la plaza colmada de blanco que resplandece con luces titilantes del sol de verano, coronada por la fuente de Neptuno, cuya majestuosa pose es objeto de docenas de objetivos de curiosos turistas que acuden a colocarse cerca del payaso que amablemente distiende en acompañar la escena. Me encamino hacia el fondo y descubro un nuevo arco triunfal que acoge a un puñado de músico interpretando cabalmente la tercera de las estaciones de Vivaldi en su primer movimiento, ya avanzada la pieza, y da paso como tenue velo al nacimiento del paseo fluvial a lo largo del Vístula.

   
La línea de artículos que ofrecen los bazares es francamente extensa, junto a los más que conocidos productos de turista como camisetas, tazas o banderas, conviven variopintos trabajos en ámbar localizados en las cercanías de la calle Mariacka, utensilios de cocina, recuerdos marciales de guerras pasadas, vinilos y cd´s tiempo ha estintos,…En una de las esquinas del escurridizo paseo me paro en un bar/restaurante a conversar con la gente a la par que recuperar fuerzas. Allí explican las maravillas de la cocina polaca, señalando la buena calidad y “propiedades curativas” del vodka polaco, y  mezclando breves episodios históricos, dentro de los cuales el movimiento liberador Solidarnosc es objeto de admiración general, sobre todo en esta ciudad que lo vio nacer, así como la leyenda que envuelve la figura de Napoleón.

    Al lado del río desemboca perpendicularmente la calle Mariacka que con aire bohemio ofrece a quien se ofrezca las maravillas de la talla del ámbar. La visita quedaría sesgada de no visitar las instalaciones de la Filarmónica de Gdansk y el monumento erigido a su salida, donde un cúmulo de representaciones manuales, en su más sentido literal, adornan la vasta estatua de bronce; la gran cruz que sirve como monumento a los caídos del movimiento Solidarnosc; así como el faro en la parte oriental del puerto nuevo en el momento en que declinaba el crepúsculo.

Crónica publicada el 14 de febrero 2008
Ricardo Martínez Lobariñas

20 años
3º curso Licenciatura de Historia - Campues de Ourense
Destino Uniwersytet Lodzki
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