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SUNTRACS señalado como posible desestabilizador

Los detonantes históricos

Los detonantes históricos

martes 19 de febrero de 2008, 21:55h
Actualizado: 20 de febrero de 2008, 20:58h

Cada gobierno tiene su oportunidad…pero las desaprovecha.

Ahora es Fernando Bossi el peligro antidemocrático, un acompañante en el séquito que trajo Chávez a Panamá cuando fue invitado por el presidente Torrijos, hace poco más de un año. Cada gobierno tiene su oportunidad de reivindicar la angustia social, pero la desaprovecha y deja que los detonantes históricos sigan armados, sumando nuevos problemas.  

La muerte de obreros, la de un joven porque se descompuso una ambulancia o el costo de la canasta básica, son realidades sociales que podrían ser resueltas, sobre todo ahora que la caja menuda del país lo permite.  Andar a la caza de fantasmas desestabilizadores es meter la cabeza en el hueco, como los avestruces, para mirar otra realidad menos comprometedora, una que nos permita gobernar cómodamente.  

Aquí se trata de ir resolviendo asuntos de nuestro diario vivir, así como de un solo plumazo se firmó el Reglamento de Seguridad que produjo pérdidas millonarias, y de imagen como país. Para muestra un botón: por una red que antes no se colocaba en las obras, un obrero salvó su vida recientemente. Los inversionistas aducen que el costo de esas medidas de seguridad se trasladará a los compradores de las viviendas, en lugar de pensar en ganar menos; y el gobierno, en lugar de crear mecanismos de equidad, anda a la caza de nuevos ches guevaras. Las revoluciones de hoy no se hacen como en los tiempos de la Sierra Maestra; son silenciosas, y su impronta es la certeza de que es responsabilidad de la sociedad civil. Los nuevos líderes serán aquellos que avancen utilizando la docencia social como herramienta de cambio.  

Mientras no se resuelvan las causas de la brecha social, que produce cada vez más pobres y cada vez menos gente concentrando la riqueza en sus bolsillos, habrá Fernandos Bossi, y por supuesto, gobiernos acusando a líderes sociales de desestabilizadores. No es el asalto al poder, y la pérdida de una democracia que todavía no resuelve nada. Es el asalto final de un combate viejo y largo, ahora que nuestro país puede salir de su secular inequidad, estando como estamos en el umbral de una riqueza que destella en las pupilas de los aprovechadores de turno.

   Que elija nuestro gobernante: o el país que soñó su padre, o el que podría surgir de la pusilanimidad y la falta de compromiso. Madera y casta hay de sobra para atrevernos a soñar, convocados por uno que sepa que es mejor atender la legitimidad de un clamor, que darle largas a problemas de vieja data. Poco a poco vamos sabiendo que no es asunto de cambiar las cosas; es asunto de erradicar esquemas que nunca funcionaron.  

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