Los estadounidenses se inclinarían por un negro, y no por una mujer.
Los 10 últimos asaltos -de un combate inusual hacia la presidencia de Estados Unidos- los ha ganado el candidato negro Barack Obama, en busca de la nominación por el partido Demócrata. Su rival, Hillary Clinton, que ostenta el pendón de la posibilidad de ser la primera mujer en la presidencia de ese país, ha sido derrotada consecutivamente en número de delegados, recaudación de donaciones y, tal vez menos estadístico pero más emocionante, Barack podría ganar el súper martes II, el próximo 4 de marzo.
Si Clinton pierde en Ohio y Texas, puede decirle adiós a su candidatura, y Barack Obama sería el primer candidato negro con verdaderas posibilidades de ganar la presidencia. Estados Unidos es un imperio próximo a cumplir 300 años, la edad de declinación de otros que se le parecieron en la historia de la humanidad, y el arribo de un hijo de gente de color a la presidencia podría marcar un giro importante en sus políticas nacionales e internacionales.
Entre otros poderes reales en la vida norteamericana, Obama es un reto al Establishment y al Congreso, principales soportes del conservadurismo de la política estadounidense. De modo que para cualquier propuesta de cambio importante respecto de la relación de los Estados Unidos con el mundo, y con su sociedad, tendrá que ganar, además, una mayoría en el senado.
Un poco pronto para pensar en nuevas maneras de gobernar un imperio caduco, pero suficientemente temprano, para ir creando conciencia de que el mundo necesita que los Estados Unidos empiece a comportarse como un país más, dentro del cada vez más equitativo concierto de naciones, y no como un viejo imperio a la usanza de la Roma antigua.
Si Barack Obama triunfa, no solamente sería el primer negro en la presidencia de los Estados Unidos. Tiene a su favor ser tan irlandés como el bien recordado Kennedy, pues aunque su padre nació en Kenya, y no es por lo tanto descendiente de esclavos, su madre es descendiente de Falmouth Kearney, un irlandés que llegó a Estados Unidos huyendo de la Gran Hambruna que mató más de un millón de irlandeses a finales del siglo XIX. Kearney vivió en Ohio, donde Barack debe ganar las primarias, y tuvo ocho hijos, uno de los cuales es el tatarabuelo materno de Barack Obama.