En la última reunión de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia se presentó un trabajo donde un grupo de neuro-científicos demostró que muchos niños que crecen en familias muy pobres con bajo nivel social tienen niveles perjudiciales de hormonas de estrés que impiden su desarrollo neurológico. El resultado es que se entorpece el desarrollo cerebral, del lenguaje y la memoria; los defectos son irreversibles y por ende limitan de una manera importante su capacidad de escapar de por vida de la pobreza.
Se ha estimado, por ejemplo, que en Estados Unidos los niños que nacen en las capas sociales de más bajos ingresos tienen casi el 50% de probabilidades de permanecer para siempre en ese grupo, lo cual no es realmente una sorpresa, porque crecer en medio de la pobreza es una desventaja en cada paso de la vida. Se ha comprobado que un porcentaje importante de niños que provienen de hogares que viven en pobreza andan mal en los colegios, desertan con más frecuencia del sistema educativo y tienen menos posibilidades de completar la educación superior.
Esto no sucede tan solo por factores económicos sino que son consecuencia de multitud de factores que comienzan ya a manifestarse durante el embarazo de niñas, adolescentes o adultas desnutridas, muchas veces adictas a drogas. En la etapa post-natal esos niños que crecen sin padre, o en hogares altamente disfuncionales en medio de la violencia, la promiscuidad sexual y la miseria, no pueden alcanzar un adecuado desarrollo mental y físico y su rendimiento académico siempre será defectuoso y cuando se vuelven adultos perpetuarán los hábitos y costumbres en medio de los cuales crecieron.
Existen numerosos ejemplos de países que han tenido resultados alentadores en el combate de la pobreza mejorando la situación económica de los pobres. Pero repartir el dinero no es suficiente, se necesita que al mismo tiempo los gobiernos se ocupen del progreso político, de la lucha contra la corrupción y la violencia, la promoción de la salud, la responsabilidad social, del desarrollo de la educación y el estímulo de los valores éticos y morales. Si esto no ocurre la incorporación de las sociedades al mundo globalizado no se completará y la diferencia entre los países desarrollados y subdesarrollados se hará cada vez más importante y reducir la brecha será cada vez más difícil.
Se sabe que se puede disminuir la pobreza y que no es una visión quijotesca, por lo tanto se puede concluir que es la aproximación multidisciplinaria contra este flagelo y no el fortalecimiento de los ejércitos la tarea más importante que deberían enfrentar los gobiernos de los países que tienen un alto índice de pobreza.
Isidoro Zaidman
Médico
izaidman@cantv.net