Julio César decía “divide y vencerás” , y Maquiavelo le recomendaba lo mismo a Su Príncipe. La táctica es tan vieja como el deseo de los imperios de adueñarse de territorios, primero; y de voluntades, hoy. Si miramos el conflicto desatado entre Colombia, Venezuela y Ecuador, con ganas latinoamericanas y suficiente valentía, los profetas de ayer protagonizarían las páginas principales de los medios de comunicación, explicando los métodos usados en el pasado imperialista. Con imperceptibles diferencias, esta confrontación entre hermanos latinoamericanos parece un calco de las tácticas que los imperios usaron durante el siglo XIX y XX.
¿Volverá a ocurrirnos similar desgracia, ahora que un Cono Sur parecía haber encontrado la salida a su pobreza en la unidad de sus propósitos? ¿Quién se beneficia de una división entre las potencias de Sur América? ¿Cuál será el oculto tamaño de la intervención?
Los grandes siguen unidos frente a los pequeños. Pero el tiempo está a favor de éstos, porque uno termina dándose cuenta, y aunque se coloniza haciéndole propuestas a la ambición de los gobernantes, la sociedad civil empieza a ser determinante. Lo que antes la dividía en izquierdas y derechas ahora la une, porque deberá imperar el gregarismo frente a la manipulación político-partidista. Que los políticos se regateen el poder y la riqueza; nosotros, la sociedad civil, tenemos la responsabilidad de unir a los pueblos latinos en la similitud de sus realidades; de enfrentar a los cipayos y a sus protectores extranjeros.
El conflicto suramericano tiene raíces históricas; es una ceniza que nunca dejó de ser fuego, y que se atiza cada vez que Latinoamérica parece encontrar una salida a su pobreza, explotando sus recursos y materias primas; cada vez que busca su autodeterminación sociopolítica; cuando mira la patria grande bolivariana, por encima de la mezquindad de las fronteras y los feudos; cuando un país hace suyo los problemas del vecino; cuando un líder decide poner alto a la explotación transnacional y nacionalizar la riqueza y los recursos. Cuando decidimos que la equidad es la mejor ruta para nuestro desarrollo humano y social.
Recemos pues, si es que eso ayuda, para que nos ayude igualmente la otra oración histórica llamada valentía; y recordemos los millones de muertos, las centenas de mártires, los líderes desaparecidos en favorables accidentes, y los cientos de miles de millones de pesos plata, oro y dólares que enriquecieron a los imperios a costa de nuestra pobreza. En el capitalismo cuenta el primer dólar, no importa de dónde venga, ni cómo haya sido ganado. Esa ventaja hace la diferencia hoy.