Hoy, miércoles 1º de abril de 33, ha sido el día de la entrega y la traición, según había sido profetizado. Hoy Judas -uno de los doce discípulos del llamado Señor, quien ha venido difundiendo nuevas ideas sobre la existencia de Dios- se ha puesto de acuerdo con quienes lo persiguen por sus enseñanzas sobre el amor divino, y ofreció entregarlo a cambio de 30 monedas de plata. Es el comienzo de la mortal confabulación que Jesús ha venido advirtiendo los últimos meses.
Jesús llegó el domingo pasado a Jerusalem, montado en un borrico, y fue recibido por sus fieles con gran júbilo, quienes agitaban ramas de olivo o de palmas. “Por eso el nombre Domingo de Ramos”, comentaba luego uno de sus seguidores, porque las palmas serán juntadas después, para ser quemadas y usadas como fuente de las cenizas todos los próximos Miércoles de Cenizas, una vez se hayan cumplido la profecías.
El Lunes 30 de marzo pasado, luego de haber pernoctado en Betania, Jesús volvió a Jerusalem y se dirigió al templo, encontrándolo convertido en un mercado, lleno de comerciantes dispuestos a hacer negocios entre ellos. Viendo el fatídico espectáculo que tenía enfrente, Jesús se increpó a los vendedores y los echó del lugar, argumentando que era un sitio sagrado al que había que respetar; un lugar donde se iba a rendir culto.
El Martes pasado fue el anuncio de la muerte del Señor. Jesús estaba en casa de Simón, el leproso al que había curado milagrosamente. Durante la cena una mujer entró en la casa; era María. La mítica mujer arrojó un perfume sobre los pies de Jesús, los besó y secó con sus cabellos. Al ver esta escena, las personas de la casa se encolerizaron con ella, diciendo que el perfume podría haber servido como mercancía para vender y beneficiar luego a los pobres. Sin embargo, ante el asombro general, el Señor defendió a María diciendo: "Esto ha sido como una preparación para mi entierro". A continuación, anunció su muerte, causando un gran pesar entre sus discípulos.