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Un hogar salvaje

miércoles 19 de marzo de 2008, 16:33h
Actualizado: 10 de julio de 2008, 10:55h
Si no fuera por el bosque mediterráneo que arropa a los animales, Safari Park, en Aldea del Fresno, parecería por momentos una sabana africana con sus antílopes, cebras y leones. También pueden verse especies americanas, asiáticas o autóctonas en este zoo en el que los animales se encuentra en semilibertad.
Un puma del Safari La mayor parte de los mamíferos que habitan en este parque zoológico disponen de grandes extensiones de terreno por las que moverse, investigar o retozar alegremente. Una libertad que sólo coartan los pasos canadienses y pastores eléctricos instalados para garantizar la seguridad tanto de los visitantes como de los animales, pues no todas las especies pueden compartir el mismo espacio.

Una gallina sedosaSegún explica el veterinario Fernando Nájera el objetivo es doble. Por un lado, el contacto de los visitantes con los animales es mucho más cercano -tanto que los ejemplares más atrevidos se acercan a los vehículos y, curiosos, meten sus cabezas en los coches que hacen el recorrido por el safari-. Y, por otro, tiene claros beneficios para su bienestar, pues les permite comportarse de manera similar a como lo harían si no estuviesen cautivos. "Intentamos que su hábitat sea lo más parecido posible que la realidad", indica José María Cabrera, director gerente del zoo.

La jirafa del zooUno de los aspectos más importantes para conseguir ese parecido con lo que sería su entorno en estado salvaje es el enriquecimiento ambiental. Esto implica evitar las rutinas. Así, se les cambia el tipo de comida, se les da alimentos que necesiten la pericia del comensal o incluso cambian los animales que ven desde sus jaulas las especies que disponen de menos libertad por su peligrosidad, como los leones, explica el veterinario.

Una de las elefantas del SafariUn mandril muy humano
Estas modificaciones contribuyen a evitar que los animales puedan sufrir problemas psicológicos, como comportamientos obsesivo compulsivos o llegar a creerse un humano más. Es el caso de un mandril africano proveniente del Zoo de Barcelona, que ahora vive en el Minizoo de Safari Park -un espacio en el que los animales están en jaulas parecidas a las que hay habitualmente en los zoos-. No puede compartir su habitáculo con ningún otro compañero, pues no reconoce a los de su especie y sólo acepta a las personas, debido a una educación demasiado cercana a los humanos.

Otro de los habitantes del zooProvenientes de otro zoo, el de Berlín, también viven en el Safari dos elefantas ya cuarentonas que han venido a España a pasar su última etapa vital, a imagen de muchos alemanes, ironiza el veterinario. Pero además, los visitantes pueden ver ancestrales bisontes, estilizados pumas, enormes rinocerontes blancos, fieros leones, elegantes jaguares o las alrededor de 200 especies de aves de todas las partes del mundo, algunas de ellas tan poco familiares como las gallinas sedosas.

Un rinoceronte blancoCentro de rescate
 Así, Safari Park ofrece la posibilidad de aprender sobre y de los animales, una alternativa que encantará a los niños. No obstante, este banco genético artificial de unas 60 hectáreas no hace sólo una función didáctica -reforzada con el aula de naturaleza que en la actualidad está centrada en el calentamiento global-, sino que también actúa como centro de rescate.

Precisamente, muchos de los animales que viven en el Safari han sido víctimas del tráfico ilegal y llegan procedentes de incautaciones del Seprona o de las aduanas. "Los adoptamos hasta que sale la sentencia, pero luego nadie quiere hacerse cargo de ellos y se quedan". Esta historia que cuenta el veterinario es compartida por muchos de los habitantes del Safari, como los tigres de bengala, los pumas o muchos de los loros y reptiles que han encontrado en él su hogar.
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