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Off the record - 26 marzo 2008

Off the record - 26 marzo 2008

Turbulencias ¿o terremoto? En la Justicia

El secretario de Estado de Justicia, Julio Pérez, ha confirmado a sus amigos y colaboradores que el presidente Rodríguez Zapatero ya ha hecho saber a Fernández Bermejo que le mantiene al frente del Ministerio, conforme al compromiso de “por lo menos, cinco años” que le hizo en el nombramiento. Ha indicado también que el ministro mantendrá todo su equipo, con sólo un posible cambio, quizá, en una unidad que ha sido especialmente conflictiva durante los últimos años. No todo son celebraciones en el Ministerio de Justicia por la continuidad del titular, que además es muy probable pero no tan segura como dice su más próximo colaborador, ya que un alto cargo de larga militancia en el PSOE aspiraba a ascender en el escalafón. El traslado de los grandes temas de la Justicia desde el Ministerio al Congreso, donde el hombre de confianza de ZP, Alonso, intentará negociar los temas bloqueados de la renovación del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, deja el Ministerio reducido a un ente administrativo y de gestión, muy poco en el perfil de un ministro tan apasionado por la política como el fiscal Fernández Bermejo, aunque en cierto modo más acorde con el planteamiento constitucional de independencia del Poder Judicial. Lo que ha pesado, sin embargo, ha sido el convencimiento de que Fernández Bermejo sería, más emocional que ideológicamente, incapaz del mínimo ejercicio de “consenso” con el PP. De alguna manera, Fernández Bermejo tendrá el papel, al frente del Ministerio, de gestionar los acuerdos alcanzados por Alonso y el núcleo de confianza personal de ZP. Es un papel políticamente reducido, o recortado, pero muy valioso en términos de resultados, habida cuenta de la imagen, crecientemente deteriorada entre los ciudadanos, de la Administración de justicia.

Un debate de nivel constitucional
ZP ha encomendado a su amigo Alonso la que considera una de sus prioridades para esta Legislatura, que es tener cuanto antes un CGPJ que refleje nítidamente la mayoría parlamentaria y con un presidente afín al PSOE, lo que considera esencial para poder llevar adelante la estrategia política en relación con el terrorismo, ya que el presidente del CGPJ lo es al mismo tiempo del Tribunal Supremo. No lo va a tener fácil Alonso, pese a sus reconocidas cualidades para el diálogo y la negociación, porque Mariano Rajoy, hombre de leyes al fin y al cabo, hará cuestión de principios de que el CGPJ no se convierta en un instrumento político del Gobierno, y los “tanteos” de los últimos años indican una especial sensibilización de la Magistratura a mantener su rol constitucional y la independencia judicial. Consciente de sus limitaciones jurídicas y de la capacidad de su adversario en ese terreno, Rodríguez Zapatero intentará mantenerse al margen del debate, de modo que se produzca entre Alonso y Rajoy, pero el PP estudia ya una estrategia para impedir, cuando llegue el momento, que ZP “silbe y mire al tendido” en una cuestión que es casi “la piedra maestra del arco del edificio democrático”, en frase del que fue primer presidente del CGPJ, el ilustre magistrado liberal Federico Sáinz de Robles. El primer punto crítico en torno al tema será el firme deseo de los partidos nacionalistas, muy especialmente el PNV, de “contar y contar mucho” en la futura configuración del CGPJ.


Camps-Aguirre: recuento de fuerzas
Lenta, imperceptiblemente, se dibujan dos campos en el Partido Popular: el de los apoyos a Esperanza Aguirre y los que se inclinarían más bien por Francisco Camps, presidente de la Generalitat valenciana. Los dos tienen votos, los dos son bastante conocidos, ambos tienen tras de sí trayectorias de cierta experiencia. Probablemente, ninguno de los dos tiene claro que se deba levantar bandera alguna en pro de la sucesión de Rajoy, pero resulta inevitable que muchos de sus seguidores y bastantes observadores ‘neutrales’ dentro del PP hayan comenzado las especulaciones.

Y es cierto que Aguirre, quitando a los escasos partidarios de Ruiz Gallardón, domina absolutamente el cotarro de Madrid, incluyendo a los llamados ‘ratistas’ (al fin y al cabo, su marido ha sido compañero de colegio y de curso de Rodrigo Rato). Pero difícilmente tendrá el respaldo de otras organizaciones territoriales importantes, si exceptuamos a Castilla-La mancha, donde Dolores Cospedal ha logrado afianzarse. Camps, por su lado, fue compañero, en Nuevas Generaciones, del extremeño Carlos Floriano, del secretario general andaluz Antonio Sanz y del propio González Pons, entre otros. Y se le considera muy vinculado al murciano Valcárcel y, aunque algo menos, a Javier Arenas, que sigue, con todo, siendo uno de los ‘hombres fuertes’ del PP.

¿A quién apoyarían, en el caso de que se abriese la confrontación, los demás? Por lo que hemos contabilizado, la mayor parte de los ‘barones’ territoriales prefiere no pronunciarse, aludiendo a que ni siquiera admiten la hipótesis de que esta división llegase a explicitarse. Y puede que tengan razón...
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