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El Galimatías del PP

Menudo espectáculo el que está ofreciendo el Partido Popular a la ciudadanía. Unas declaraciones de Esperanza Aguirre, que luego no ha querido ni desmentir ni puntualizar, sugiriendo que ‘los socialdemócratas’, es decir, el Gobierno socialista y sus terminales mediáticas, amén de algunos ‘progres’ en el PP, prefieren a Rajoy antes que una opción ‘liberal’ (como la que ella representaría, si decidiese presentarse a la presidencia del PP en el congreso de junio), han abierto una auténtica guerra verbal durante todo este fin de semana. Y, si nadie lo remedia y las aguas no vuelven a su cauce, así van a seguir las cosas en las ocho semanas próximas. O quizá no, que diría el gallego Rajoy, cada día menos gallego y más definido…

Las espadas están en alto. Este lunes, Esperanza Aguirre saldrá, presumiblemente, a los medios (tiene prevista una importante comparecencia televisiva) , que aguardan su reacción ante las duras manifestaciones de Rajoy el sábado, abriendo la puerta a una eventual salida del PP de ‘los liberales’, mientras comienzan, en el inicio de esta semana, a elegirse los compromisarios que acudirán, dentro de exactamente dos meses, al congreso de Valencia. Inexplicablemente para la inmensa mayoría de los más de setecientos mil militantes del PP, se han roto las hostilidades, y el partido aparece dividido entre ‘esperancistas’ y ‘marianistas’. Con declaraciones de creciente hostilidad entre ambas partes. ¿Quién iba a imaginarlo hace apenas mes y medio, antes de las elecciones generales, cuando todo el partido aparecía unido sin resquicios en torno a la figura de Mariano Rajoy como aspirante al sillón de La Moncloa?

El caso es que el Partido Popular ha entrado ya en un proceso precongresual del que casi todo puede salir, aunque, a mi juicio, lo más probable sigue siendo que haya una única candidatura, la de Rajoy, y que sea votada por gran mayoría, si no por unanimidad, porque las tempestades hayan amainado para entonces. Otra cosa resulta, en estos momentos y pese al distanciamiento creciente con la presidenta de la Comunidad de Madrid, impensable. Aunque, como decía este fin de semana un cercano colaborador de Rajoy, “las tendencias suicidas también existen en política”, y Aguirre parece hallarse, añadía, presa de sus propios colaboradores más cercanos y de algunos inspiradores de medios de comunicación –teóricamente afines al PP-- que incitan a la ‘lideresa’ al enfrentamiento abierto con su presidente.

Pero los recuentos que en estas horas se hacen indicarían que las cuentas no le salen a Esperanza Aguirre,ante el Congreso Nacional del Partido Popular en junio en Valencia. El propio PP levantino tendrá, pese a la influencia del ex presidente de la Generalitat Eduardo Zaplana, a quien ahora se considera crítico con Rajoy, un peso minoritario de los ‘aguirristas’ en la delegación, un poco más de la tercera parte del total de los delegados de esta Comunidad, una de las ‘fortalezas’ del PP junto a Madrid, pero donde Francisco Camps, enemigo a muerte de Zaplana –considerado cercano a la presidenta madrileña--, ya ha declarado que respaldará hasta el final a Rajoy.

Las delegaciones de Murcia, Andalucía, Cataluña, Galicia, Asturias y Cantabria se decantarían en principio por la permanencia de Rajoy al frente del Partido Popular. El presidente castellano-leonés, Juan Vicente Herrera, no se ha pronunciado aún con claridad, y lo mismo ocurre con la presidenta del PP castellano-manchego, Dolores de Cospedal. La segunda parece más próxima a Esperanza Aguirre, pero disconforme con cualquier explosión de disidencia interna en el partido. Herrera, extremadamente cauteloso, huye como de la peste de cualquier alineamiento, pero mantiene excelentes relaciones con Rajoy, sin que tampoco sean malas con Aguirre. Sería, se estima, uno de los eventuales ‘hombres de consenso’, un puente posible hacia el entendimiento precongresual entre ambas partes.

José María Aznar y su grupo de la Fundación, la FAES, tampoco han querido decantarse en este conato de pelea intestina que sacude al PP, aunque sabido es que las relaciones del ex presidente del Gobierno y presidente de honor del PP con Rajoy no son demasiado cordiales. Rodrigo Rato, que ya no tiene participación efectiva en el partido, ni, parece, la menor intención de entrar en la pelea política, está más cercano a Aguirre, de cuyo marido fue compañero de colegio y de curso. En privado, el ex director del Fondo Monetario Internacional se lamenta de que los ‘suyos’ han sido “maltratados” a la hora del reparto de cargos, y acusa a la portavoz parlamentaria, Soraya Sáez de Santamaría, de haber propiciado tal maltrato.  En general, los descontentos con Rajoy centran sus tiros en la jefa del grupo parlamentario, a la que achacan haberse rodeado de personas con escaso relieve político, y de compartir ella misma tal bajo perfil.

Del presidente fundador, Manuel Fraga, se asegura que está "horrorizado" con lo que está ocurriendo en el partido cuyo embrión él creara, y que culpa a gente cercana a Aguirre de estar echando 'gasolina al fuego'. En todo caso, Fraga no ha dejado de mostrar un cierto desprecio hacia Rajoy; la ‘niña de sus ojos' ha sido siempre Alberto Ruiz-Gallardón, hoy ciertamente alineado, sin así declararlo, a favor de la continuidad de Rajoy.

Los recuentos más ajustados a la hora de determinar el signo de los algo más de 3000 delegados que acudirán al congreso de Valencia, dentro de exactamente dos meses, indican que Esperanza Aguirre o los 'aguirristas', localizados casi exclusivamente en la Comunidad de Madrid, podrían no llegar a controlar siquiera los 600 votos necesarios para consolidar y presentar una candidatura frente a la de Rajoy. Así las cosas, lo más probable es que la presidenta de la Comunidad de Madrid, o persona interpuesta por ella, desistan de cualquier tentación de alzar bandera contra la lista oficial encabezada por Rajoy, que aún no ha revelado con quién  contaría como candidato a la secretaría general. Pero, si la confrontación sigue y se agrava, Rajoy, a quien las crónicas internas presentan como “sumamente enfadado con todo lo que está pasando”, podría optar todavía por consumar la ruptura, designando a Ruiz-Gallardón, o a alguien de esta cuerda, como ‘número dos’ del PP. A saber qué podría ocurrir entonces.

Lo que sí parece cierto es que lo que sucede en el PP puede calificarse de cualquier forma menos de “debate ideológico”, como ha querido presentarlo Aguirre. Es una lucha por el poder en toda regla, una más de esas peleas cainitas que han jalonado la trayectoria de Alianza Popular, primero, y la del PP, después, aunque la etapa encabezada por Aznar cerrase casi todas las brechas. No se veía algo similar desde los tiempos en los que Hernández Mancha era combatido por una parte de AP.

También resulta poco convincente achacar al gobierno de Zapatero la menor responsalibilidad en la actual fractura, aunque es verdad que los socialistas se frotan las manos, cierto es que con algo de disimulo, ante lo que ven en el bando de enfrente, un bando con el que la orden parece ser ahora llegar a un número importante de pactos políticos. Se da de esta manera la contradicción de que, mientras se pretende un acercamiento entre el principal partido del gobierno y el de la oposición, la guerra política se haya trasladado al interior de este último.

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