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Monumento a las prostitutas

Una estatua de bronce en honor a las prostitutas del mundo , se levantarà en el barrio rojo de Amsterdam,según nota de la agencia Reuters. Su promotora nos explica el motivo: “En muchos paises, las prostitutas pasan difiicultades y la gente no tiene en absoluto respeto por ellas”. ¿Se trata de reivindicar a este oficio -conocido como “el más antiguo del mundo”- y a quienes lo ejercen? ¿De un acto de reconocimiento?

Esto me recuerda que, años atrás, paseando por Barcxelona con un conocido escritor, Premio Planeta, a la vista de un unas atractivas mujeres de la vida, que hacian la calle, me comentó para mis sorpresa: “Estas chicas salvan a muchos matrimonios de la ruptura; en ellas, aunque sea artificial y pasajero, no pocos maridos encuentran el cariño, la comprensión y la satisfacción que no les dan sus mujeres; y así va tirando su matrimonio, sin romperse ni perjudicar a los hijos. Y también muchos hombres encuentran consuelo efímero a sus preocupaciones, decepciones o desgracias que les depara la vida”. Este razonamiento –tan simple como crudo-, de un conocedor de los barrios bajos de la ciudad, además de sorprenderme, me hizo caer en la cuenta de que tal vez merecía alguna reflexión.

La prostitución es una lacra social, humilla a las mujeres y es un desprecio a los derechos humanos de las personas que se ven en esta vergonzosa situcación. Pero, pese a ello, en ningún país y en ninguna época, se ha logrado erradicarla. ¿Por qué?

De reconocer esta realidad a erigirle un monumento, hay un gran trecho. Pero esta notícia llamarà fuertemente la atención. Serán muchos los que se escandalizarán, los que se reasgarán las vestiduras., los que podrán el grito en el cielo. Tanto conservadores como, principalmente, progresistas. Pero pocos, o nadie, irán al fondo de la questión. Y los que se atrevan, ruborizados , quizás se callen o nos larguen un discurso retórico e hipócrita.

Pero mientras se sigue persiguiendo, propagadísticamente, y más o menos inutilmente o de boquilla, la prostitución facil y callejera, en las páginas de diarios, revistas, internet i en canales de televisión, continua un escandaloso mercadeo de mujeres -con fotos y precios-, que nadie denuncia abiertamente. Entre otras razones, porque son las páginas que más ingresos representan proporcionalmente a muchos de estos medios de comunicación, algunos muy potentes. ¿Quien se atreve con ellos?

En este asunto, hay muchas varas de medir y mucha hipocresía. No es para aplaudir que en Amsterdam se levante un monumento, pero esta notícia debiera hacernos pensar, ser más sinceros, y afrontar el tema con más honestidad y valentía. No con simples acusaciones y represiones -de cara a la galería- a unas desafortunadas mujeres que tiene la desgracia de garnarse cuatro perras vendiendo ilusión y consuelo de la forma que saben o pueden.

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