Entre las “innovadoras” propuestas que han surgido en la Asamblea Constituyente está la de otorgar el derecho al voto a los jóvenes de entre 16 y 18 años de edad (la mayoría de los cuales ni siquiera ha obtenido la ciudadanía).
Jorge Escala, asambleísta del MPD, se ha mostrado muy de acuerdo con esta iniciativa. Sus argumentos son que muchos jóvenes forman parte de la Población Económicamente Activa (PEA) y que, dado que los jóvenes han salido a las calles “a combatir” en distintas situaciones políticas, entonces también deberían poder decidir en las urnas.
Sobre la participación de la juventud en la PEA, habría que recordarle a Escala que ese concepto abarca a todas las personas en edad de trabajar (es decir, a partir de los diez años), que laboran o están buscando empleo.
Por lo tanto, siguiendo el razonamiento de este asambleísta, se les debería otorgar el derecho al voto también a los niños que actualmente forman parte de la PEA.
Respecto al otro argumento, el salir a las calles a tirar piedras y enfrentarse con la fuerza pública no da derecho a nada.
De ser así, haciendo una comparación un tanto vulgar, los hinchas inconformes que se pasan el partido insultando y recriminando a sus propios jugadores deberían tener el derecho de escoger la alineación de su equipo o de nombrar a un nuevo entrenador.
Según las proyecciones del INEC, en la actualidad cerca de 815.000 ecuatorianos (lo que equivale al 9% de los votantes registrados para las últimas elecciones de asambleístas) tienen entre 16 y 18 años. Incluir a estas personas dentro del padrón electoral, por lo tanto, podría modificar significativamente los resultados de futuras elecciones.
Obviamente, el MPD, Alianza País y los demás partidos que promulgan ese arcaico socialismo que suele tener acogida entre los estudiantes de colegio, serían los más beneficiados de que éstos accedan al derecho al voto.
Si la propuesta se aprueba, el MPD, tan hábil para reclutar a miembros de las federaciones estudiantiles, seguramente se empeñará más en adoctrinar estudiantes (que ahora ya no sólo serán carne de cañón), para ver si así, alguna vez, consigue ser una fuerza política medianamente representativa.
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