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Provocador y provocaciones

Provocador y provocaciones

lunes 09 de junio de 2008, 15:17h
Actualizado: 11 de junio de 2008, 03:28h

Con esta grave responsabilidad histórica sobre sus hombros y en su conciencia, ¿podrán dormir tranquilos?

En la agenda del debate político que el régimen correísta instauró desde que se posesionó de Carondelet, pareciera que el vocablo “provocar” y la aplicación práctica de su contenido semántico ha sido una constante. El poco consultado por ciertos políticos Diccionario de la Lengua Española, establece que “provocar” significa “irritar o estimular a alguien con palabras u obras para que se enoje” y que también consiste en  “hacer que una cosa produzca otra como reacción o respuesta a ella”.

Estamos en una época compleja, en la que los lobos suelen disfrazarse con piel de oveja, y los victimarios de un día para otro se transforman en víctimas. Una época en que asuntos triviales se transforman en “montaje circense”.
 
Una época en que se busca que dejemos de ser una sociedad de individuos, para transformarnos en una masa maleable y manejable según un proyecto político y social que nunca pone todas las cartas sobre la mesa.

También el Diccionario precisa que “provocador” es aquella persona “que trata de originar actos o movimientos sediciosos”. Y que “provocación” es un “delito consistente en incitar públicamente a alguien para que cometa una acción delictiva”.

Descalificar, insultar, agredir verbalmente, ignorar o minimizar cualquier mérito ajeno, agraviar la honra, acusar injustamente y hasta vejar a alguien sirviéndose de la fuerza del poder, ¿no es una forma de provocación?

Quienes deberían dar ejemplo de ponderación, dignidad cívica y capacidad de construir sin odios no cejan en su tarea provocadora. No de altos ideales, sino de resentimientos y venganza. Con esta grave responsabilidad histórica sobre sus hombros y en su conciencia, ¿podrán dormir tranquilos?

 

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