Resonó la semana pasada el estruendo gramatical de
“miembros y miembras” no como un lapsus ni como una muestra de incultura sino como la exteriorización obsesiva de un complejo de inferioridad cuyos precedentes están en la
“jóvenas” y
“frailas” de hace unos años. Mientras la mujer de hoy está realizando el cambio social mas profundo con la presencia femenina más seria y prestigiosa en todos los ámbitos laborales, una tropilla de criaturas de poco talento parecen empecinadas en mantener la imagen machista y contraproducente de
“Las preciosas ridículas” de Molière.
Mientras los nombres de
Esperanza Aguirre,
Cristina Narbona,
Rosa Aguilar,
Rita Barberá,
Rosa Díez, por citar ejemplos relevantes de todas las tendencias que acreditan cada día el papel de la mujer en la política española existen otros ejemplos o
“ejemplas” empeñadas en mantener el escaparate de la desigualdad aunque sea desde departamentos de administración sin contenido ejecutivo desconociendo que la desigualdad de las personas no proviene de que se hable de personas
“o personos” o
“miembros o miembras” sino de que persista en la opinión el estereotipo de listos y tontas o tontitas.
| "Si un gobierno o un parlamento se dividen en “miembros o miembras”, seguirá la idea de que tales “miembras” constituyen una sección femenina diferente " |
Mientras los miembros de un gobierno o de un parlamento sean semánticamente iguales, sea cual sea su sexo, vamos bien. Pero si un gobierno o un parlamento se dividen en
“miembros o miembras”, seguirá la idea de que tales
“miembras” constituyen una sección femenina diferente del conjunto proveniente de leyes de cuotas y paridades pero no por sus méritos.
No puede extrañarnos, sin embargo, estas anécdotas de ministrillas de tres al cuarto cuando también algunos juristas o
“juristos” cometieron la tropelía jurídica de establecer distintas penas para los mismos delitos según el delincuente sea hombre o mujer. Todos sabemos que hay mas maltratadotes que maltratadoras pero un solo caso es suficiente para calificar el disparate que supone que en vez del necesario gravamiento de las penas para la mejor protección de la persona maltratada que, evidentemente, afectará a mas hombres que a mujeres se base en un tratamiento diferente que hace pensar en el arcaico y desacreditado concepto del “
sexo débil”, es decir, la mujer como especie protegida y por tanto desigual.
Pero parece que hay mujeres que parecen seguir ciculando como “
sexo débil” y como
“miembras” es decir, personas desiguales. Y lo paradójico es que no salga ninguna voz desde el feminismo serio y capaz que advierta a estas politiquillas que se dejen de majaderías gramaticales y demuestren su capacidad ejecutiva y el nivel cultural que una sociedad auténticamente igualitaria desea para sus mujeres de vanguardia.