La concertación, nuestro mejor patrimonio
martes 24 de junio de 2008, 13:18h
Actualizado: 24 de junio de 2008, 15:22h
La difícil situación por la que atraviesa la economía española tiene causas externas, fundamentalmente, el elevado precio del petróleo que, además de encarecer aún más nuestra muy elevada factura energética, genera inflación por su incidencia en la producción de bienes y servicios. Además, la debacle de las “sub-prime” en EEUU y su repercusión global en el sistema financiero provocan un encarecimiento del crédito que afecta a bancos y cajas de ahorro en España, aunque su situación es comparativamente mejor que la otros países europeos.
También hay causas internas vinculadas con nuestro modelo de crecimiento: inflación estructural, productividad insuficiente, desarrollo tecnológico no acorde con el tamaño de la economía, alto déficit exterior, elevado endeudamiento de los familias. La construcción residencial ha sido un gran motor económico y ha hecho posible que España tuviera elevadas tasas de crecimiento pero, como era previsible, no se podía mantener un ritmo tan elevado como el los últimos quince años.
Nos congratulamos de que el gobierno haya hecho una apuesta decidida y rotunda a favor del diálogo social. La política de concertación practicada en España en los últimos treinta años ha sido un factor fundamental para afrontar las cuestiones fundamentales de orden social y económico que afectan a los ciudadanos. El método ha demostrado su gran efectividad en el largo período de crecimiento económico que hemos vivido hasta hace muy poco. Y puede dar prueba de su eficacia, quizá con más razón, en momentos de dificultades.
Los interlocutores sociales –CEOE, CEPYME, CCOO, UGT– hemos expresado ya nuestra plena voluntad de acordar un temario con el gobierno y de ponernos a trabajar. Es un buen comienzo. Ahora bien, el acuerdo no será fácil, incluso no será posible, si se pretende insistir en recetas que ya han demostrado su fracaso. Estos días estamos escuchando algunas voces –sea bajo la invocación de la llamada “flexi-seguridad”, sea con otro nombre– que demandan, como siempre, más precariedad laboral, despidos más baratos y recortes en las pensiones. El último informe del Banco de España es un ejemplo de estas ideas.
Creemos, por el contrario, que la economía debe salir reforzada junto a la cohesión social. Lo que la economía española necesita es más estabilidad laboral, mejor formación de los trabajadores, aumento de la inversión en I+D+i, una firme política industrial y una decidida voluntad de establecer un modelo de crecimiento como el de otras naciones desarrolladas de la UE que ocupan posiciones de liderazgo mundial.