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El congreso de la discreción

martes 24 de junio de 2008, 18:59h
Actualizado: 22 de junio de 2010, 12:40h
Aunque no se lo crean, también los socialistas van de congreso. Será a principios de julio cuando el partido que lidera Zapatero tenga su cónclave federal. Frente al navajeo y el ruido de los prolegómenos del congreso del PP, el PSOE prepara su congreso en medio de una tranquilidad y calma chicha que no dejan de llamar poderosamente la atención. Los preparativos del XXXVII Congreso Federal Socialista han sido y están siendo tan discretos, tan de encefalograma plano, que uno no sabe si en las ponencias se encierra alguna bomba de gran calado que se pretende explotar durante los días del congreso o si lo que se busca es dar la sensación de tranquilidad, de sosiego, de continuar por el camino recorrido hasta ahora. Un camino, todo hay que decirlo, que no les está yendo nada mal a los socialistas, tras las dos victorias generales conseguidas bajo el liderazgo de José Luis Rodríguez Zapatero.

    Aquellos congresos federales del PSOE, en los que se debatía de todo lo divino y de lo humano, donde se ponía en solfa al marxismo o se añoraba la fórmula de gobierno republicana, aquellos congresos que  se clausuraban con el canto de La Internacional y puño cerrado en alto son ya, simplemente, historia. Son ya otros tiempos y, también, otras formas.

    A pesar de que los tiempos cambian que es una barbaridad y de que a las personas les sucede algo parecido, hay que reconocer –ahí están los textos- que sigue latiendo en el devenir socialista esa idea transformadora de la sociedad. “Los ciudadanos, dice el PSOE en la convocatoria del congreso, esperan de nosotros respuestas que vayan más allá de las situaciones coyunturales”.Es, precisamente, por esta vía por donde se le puede hacer la crítica más profunda a los socialistas: que se queden demasiado cortos en sus propuestas, que los años de gobierno les hagan ser demasiado pragmáticos en sus planteamientos. Sin problemas internos y con la perspectiva de otros cuatro años de gobierno, a pesar de la crisis que afecta a la mayoría de las economías occidentales, el XXXVII congreso debería servir para innovar el ideario socialista, buscar salidas progresistas y solidarias a cuestiones como cambio climático, emigración, energía atómica versus energías alternativas, separación real Iglesia-Estado, ley de plazos para abortar, igualdad real de género y no sólo legal... Meros enunciados de cuestiones que preocupan e interesan a amplios sectores progresistas y de izquierdas de este país y que si se llevan a la práctica, nos acercarían, por ejemplo, a esa convergencia social con países como Noruega, Finlandia, Suecia , de los que, desgraciadamente estamos lejos todavía, a tenor de los indicadores que se vienen manejando al respecto.

¿Están dispuestos los mil delegados al congreso a debatir en profundidad estas cuestiones que sí afectan a la calidad de la democracia y al bienestar social de la ciudadanía y a plantear resoluciones innovadoras que vayan más allá del tactismo diario de la acción de gobierno? Personalmente tengo mis dudas. En los congresos de los partidos ya no se debaten ideas, aunque se mantenga la fanfarria de las ponencias. Craso error porque un congreso, a priori ,es una plataforma inmejorable para lanzar propuestas y sugerencias de calado y además, en el caso de los socialistas, la lucha por el poder ya tuvo lugar en el año 2000 y hoy nadie cuestiona el liderazgo de Zapatero.
    
    Colateralmente puede suscitar algún interés la composición de la nueva     Ejecutiva Federal y puede también que de refilón alguien intente hincar el diente a esos dos agujeros negros de Madrid y de Valencia que resaltan en el pacífico universo socialista. Pero como no  toca hablar de eso, los agujeros negros  los dejamos para los congresos regionales. Seguro que allí sí habrá movida. Al tiempo.
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