San Javier.- El gigante de la trompeta del jazz Arturo Sandoval, ganador de varios Grammys, seis premios Billboard y un Emmy, volvió al Jazz en San Javier acompañado por su sexteto de músicos cubanos, con los que grabó su último disco, Rumba Palace, y ganó el quinto Grammy de su carrera como Mejor Álbum de Jazz Latino.
Si hubo alguna decepción esa noche fue que el concierto tenía que acabar alguna vez. Apoyado por un dynamico grupo, Sandoval tomó el escenario en esta ciudad del levante español a un ritmo devastador, despachando notas altas de doble digitación en sus solos de trompeta con una facilidad casi irritante, reseñó Efe.
Sandoval es encantador. Los pocos momentos en que no estaba tocando, se le veía bailar nervioso, como si no pudiera aguantar estar sin hacer ruido.
Desde pop clásico, los aires afro-cubanos y el "bebop", la música emanaba de este artista omnívoro no importa con qué instrumento tocase. De hecho, tenía muchas posibilidades dispuestas sobre el escenario, para escoger según por donde le diera: teclados, percusión, cencerros, armónicas... junto a su trompeta y su fliscornio.
Pero lo que se graba en la memoria es el sonido de su trompeta. Puede hacer que su trompeta ría o llore, y se disfruta cada ínfimo detalle.
Su hora y media larga de concierto le dio de sobra para evocar el "bebop" canónico de Gillespie, o el "afro-cuban" jazz de sus orígenes. Descargas de ritmo, música íntima, nostalgia, vitalidad, diálogos de trompeta y saxo, de piano, y, sobre todo, talento y pasión.
Como todos los grandes, Sandoval es también un maestro, y lleva consigo un combo de alumnos aventajados que mantienen durante todo el tiempo un endiablado fondo percusivo, pero los que realmente destacaron fueron el saxo tenor y el pianista, que dispararon notas a toda velocidad.
Por su parte, Arturo Sandoval dio una muestra de talento y fuerza no sólo a la trompeta y el fliscornio, sino tocando magistralmente el piano, el Korg, los timbales, incluso cantando.
Previamente actuó la cantante americana Sara Lazarus, que eligió el francés para dirigirse al público, aunque recordó la fiesta del 4 de julio interpretando 'Chega de saudade' de Jobim.
Lazarus es una intérprete chispeante en la línea de los clásicos americanos, que se miden con estándares firmados por Cole Porter, Gershwin, Irving Berlin, o Henry Salvador.