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El conejo de la M-501

lunes 07 de julio de 2008, 15:02h
Actualizado: 11 de julio de 2008, 10:09h
Los alcaldes de los municipios cercanos a la M-501 velan primero por los intereses, derechos y seguridad de sus vecinos y después por los animales. Para ellos es más importante una vida humana que la de un lince ibérico que luego parece que no existe; en eso se diferencian de los ecologistas, primero preocupados por el habitat de los animales y después por la seguridad de los seres humanos.

Los alcaldes, todos, sean de la militancia que sean, quieren que se desdoble la M-501 para que no mueren personas en accidentes de tráfico, y los ecologistas no quieren que esta carretera sea más ancha, porque se pone en riesgo la vida de un lince ibérico que como mucho, y a tenor de las muestras de excrementos encontradas, se queda en gato montés.

Los ecologistas llevan hasta la Comisión Europea la voz de alarma y ponen el grito en el monte, para que se paralicen esas obras que tienen como objetivo aumentar la seguridad sin deteriorar el paisaje. Nada les importa si en la estrecha y peligrosa carretera la gente se deja la vida; dan la espalda a un dato incuestionable: desde que se desdobló el primer tramo de esta carretera, se ha reducido a la mitad el número de muertos en accidentes de tráfico, sin que se tenga noticia de que haya habido linces muertos.

Los ecologistas se dicen conocedores de esos parajes de la carretera de los pantanos, a los que supongo que llegarán en coche, en helicóptero y, poco probable, en bicicleta, y si fuera el último caso, con una carretera desdoblada correrían menos riesgos a la hora de pedalear.

Desdoblar la M-501 es uno de esos asuntos escasos, casi inéditos, donde alcaldes de distinto signo político coinciden en una misma propuesta y desde la derecha a la izquierda la razón se impone por encima de otras consideraciones. La semana pasada algunos de estos alcaldes coincidían en un mismo punto con algunos de los ecologistas beligerantes, y los del supuesto color verde fueron puestos… pues eso, verdes, por parte de los regidores. Les llamaron de todo, menos expertos en medio ambiente, porque si se defiende a un lince ibérico que no existe por encima de la existencia de personas muertas en la carretera, es que hay otros intereses que no se alcanzan.

Los alcaldes están enojados, porque no entienden esa respuesta a un proyecto que para nada deteriora el medio ambiente, ni menoscaba el habitat de los animales, y sin embargo, puede reducir el número de personas muertas en la carretera. En ese encuentro fortuito entre alcaldes y ecologistas, un edil, con palabras llanas y claras, les dijo a los verdes: “Dais más valor a un puto conejo que a las vidas de las personas”. Con perdón para el conejo, esa es la realidad.
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