Seguridad a bordo
viernes 18 de julio de 2008, 11:14h
Las compañías aéreas tienen la sensibilidad tan estrecha como el tobillo de un canario flauta, son capaces de desalojar a una pasajera por fumar en el lavabo. Ha ocurrido en un vuelo de Delta Airlines que venía a Madrid procedente de Nueva York. La pasajera no pudo soportar el apretón y se metió en el lavabo para darse al “vicio nefando” del tabaco, bien es verdad que previamente arrancó el sistema de detección de humos.
A la salida estaba el comité de despedida alineado en fila: segundo piloto, sobrecargo y resto de tripulación. De manera clara le animaron a abandonar el avión, y la pasajera avergonzada fue seguida de su marido y sus tres hijos que ya tienen algo para contar en el colegio.
Si los pasajeros fueran tan mirados con las compañías aéreas “otro gallo nos volaría”: la que no tiene los asientos pegados con cinta aislante tiene un servicio de a bordo de lo más borde. Recientemente pude comprobar la calidad de Business en Aerolíneas Argentinas donde las coca-colas se sirven en envase familiar de dos litros, te ponen un vaso como si fuera una fiesta infantil, sólo faltan los ganchitos de queso. Y no ponen película porque no pagan derechos de autor.
Así que el pasaje, siguiendo el ejemplo de las compañías aéreas, se debería bajar de muchos aviones a los que tiene que subir por narices.
A veces da la impresión de que más que transportar viajeros lo que hacen es llevar rehenes. Los aviones se han vuelto de un antipático que pasma. Vuelan, es cierto, pero con mucha tristeza.