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Ni el arte ni el carisma se enseñan en la academia

Ni el arte ni el carisma se enseñan en la academia

lunes 21 de julio de 2008, 13:59h
Actualizado: 23 de julio de 2008, 12:26h
Pongámonos en situación:
… en el principio Dios creó el cielo y la tierra y, en la década de los 50, un guitarrista y un poeta brasileños, Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes, crearon la Bossa Nova.
Fue a principios de los 70 cuando Vinicius llamó a dos jovencitos que ya despuntaban, Toquinho y María Creuza, para acompañarle en una serie de conciertos en un local de Buenos Aires, La Fusa. La recreación en estudio de uno de esos conciertos en vivo dio la vuelta al mundo y popularizó la bossa nova en España.

Anoche, en Madrid, se dieron cita los veinteañeros que compraron ese disco hace casi 40 años con los  treintañeros que actualmente aprecian este tipo de música.

María Creuza conserva una voz prodigiosa y su presencia en el escenario tiene el sello de las grandes, como lo fue Celia Cruz.

Toquinho tiene algo que no se estudia ni se aprende: Carisma. Un señor que acaba de cumplir los 62 años aparece por un lado del escenario con unos vaqueros, una camiseta y una guitarra: y ya no hay banda; no existe Lilian Carmona, la mujer batería que crea ritmos con la precisión de una máquina, ni Ivani Sabino, el espectacular bajista, ni la teclista de los dedos vertiginosos, Silvia Goes… no se ve casi ni a María Creuza. Todo lo llena sin siquiera abrir la boca.

Pero este tipo de personajes no están llenos sólo de capacidad de seducción; también lo están de horas, días, lustros de trabajo en un local de ensayo o en un escenario, y eso da sus frutos. Toquinho cuenta anécdotas y se mete al público en el bolsillo como si estuviésemos en un íntimo local de jazz de Río de la Plata en 1972. Además, tiene otra ventaja a su favor: un repertorio que la gente conoce y corea con él.

Deberíamos retransmitir conciertos como estos por las televisiones públicas en lugar de inventar ídolos de masas de manual. Deberíamos enseñar en los colegios a apreciar este tipo de cosas y dejarnos emocionar por estas leyendas vivas como haríamos con Edison, Mozart o Velázquez.

Deberíamos beber un poco de toda la gente que hay en el mundo que no necesita aprender carisma porque lo lleva dentro.
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