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El despotismo sin ilustrar

El despotismo sin ilustrar

lunes 21 de julio de 2008, 18:33h

No sé cómo se atreve a hablar del despotismo ilustrado, suponemos que el del Gobierno del estado al que pertenece, Don Juan José Ibarretxe. Desde su gobierno regional no parece muy interesado en garantizar el derecho a decidir la lengua en que se eduquen los hijos de la mayoría de sus administrados. Tampoco parece muy preocupado del derecho de decidir residencia de los vascos de la diáspora amenazados por el terrorismo y la extorsión. Él ejerce sus poderes sobre un supuesto pueblo vasco formado por quienes viven dentro de los límites de las tres provincias antes llamadas Vascongadas. No sabemos si la condición de vasco se adquiere por el simple hecho de la residencia o por la estirpe. D. Sabino Arana, el inspirador de su ideología pensaba que por la estirpe pero D. Juan José Ibarretxe, como no se confiesa racista., considera vascos y vascas a todos aquellos que, aunque no le hayan votado, dependen de las competencias administrativas que le han sido conferidas y, consecuentemente, ejerce sobre ellos su despotismo sin ilustrar sin preocuparse demasiado por el humo de las bombas y de las pistolas que atemorizan a sus conciudadanos.

   El lehendakari, que se refiere a sí mismo en tercera persona como los monarcas del absolutismo usaban el “yo, el Rey”, olvida que solo es el lehendakari temporalmente y por una mayoría relativa necesitada para poder presentar sus ocurrencias de alianzas indeseables con partidos carátula de la violencia y “maquetos” de Izquierda Unida.No parece consciente de que “el lehendakari” puede ser alternativo como lo fue en el pasado y lo será en el futuro y que su iniciativa ha sido recurrida jurídicamente tanto por el Gobierno como por la oposición, es decir la mayoría absoluta de la democracia en que debiera estar integrado.

   Su extraña apariencia no hubiese sido elegida por Sabino Arana para representar los caracteres ideales de su idolatrada raza pero, tampoco, sus argumentaciones hipócritas se corresponden sicológicamente a la nobleza universal atribuida a los vascos. Es, más bien y así lo parece, como un extraterrestre de serie televisiva y, quizá, por ello piensa que sus atributos vienen de un misterioso origen que le legitima para hablar de igual a igual con todos los poderes de la tierra como si estos poderes no hubiesen sido formalizados en el Boletín Oficial de Estado opresor. Para este lehendakari su estatuto autonómico no emana de la constitución democrática vigente sino de una herencia intemporal de derecho divino. Es el ejemplo más anacrónico del despotismo sin ilustrar en el siglo XXI, una pieza de museo antropológico.

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