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¿Serán las elecciones?

¿Serán las elecciones?

miércoles 23 de julio de 2008, 18:06h
Actualizado: 08 de agosto de 2008, 21:58h
Creo que es algo más profundo e intemporal. Es posible que venga con el tan anunciado nuevo paradigma y sea una especie de anticipación para la política. Lo concreto es que a veces se escucha un lenguaje extraño y los márgenes que antes se aplicaban en esta disciplina hoy parecen haber desparecido.

En estos días, el Gobierno se debate entre las tensiones de sus apoyos y una especie de desbarajuste oral en su gabinete. Tanto, que la presidenta Michelle Bachelet ha tenido que salir a aclarar las cosas. Primero, intentando alejar el fantasma de la crisis, que ya muchos dan por sentada. Suman inflación y bajo crecimiento económico y con eso les basta. Y tiene razón la mandataria. Hay que desterrar el pesimismo. Es cierto que Chile es el país que muestra mayor inflación en el continente. Es cierto que sus índices de crecimiento se encuentran por debajo de lo presupuestado y lejos de lo que necesita para alcanzar el desarrollo que, dicho sea de paso, alguien lo anunció para el bicentenario, o sea, en dos años más. Pero la presidenta tiene razón, el mal es de muchos. No es que eso sea un consuelo. Nuestra economía sigue en buen pie, con calificaciones más o menos destacadas. Cómo no reconocer que los factores externos pesan. Está el alza del petróleo y sus derivados. Y si eso no es suficiente, hay que sumar el incremento del precio de los alimentos. Finalmente, un argumento más: el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, no se equivoca, ¡no faltaba más!

Esta es una parte del ambiente extraño que vivimos. Las verdades son en la medida -no, no de lo posible- sino de las necesidades de quien las esgrime. El empresariado sale en defensa del Gobierno, pero lo hace de una manera sui generis. Dice, como la presidenta, que no hay crisis, que va. Pero agrega que el ambiente, si bien no es crítico, es extremadamente difícil. Eso para los oídos del chileno medio no es tranquilizador. Con el mismo poder adquisitivo desde hace años, ahora tiene que enfrentar el aumento del costo de los préstamos y una inflación de dos dígitos.

En la otra  banda está la voz oficial. El ministro del Interior y vicepresidente de la República, Edmundo Pérez Yoma, llama a los chilenos a apretar los dientes. Si a alguien le quedaban dudas, la segunda autoridad del país se las aventó.

Y como la política no se nutre sólo de economía, el ministro Pérez hace gala de erudición democrática. Dice que hay que estar preparados para dejar el poder. Incluso se aventura en los pronósticos. Señala, como las encuestas, que si la elección presidencial fuera hoy, el próximo presidente de la República sería su amigo y líder de la oposición, el empresario Sebastián Piñera. En época de elecciones estas enseñanzas democráticas no han caído muy bien en el Gobierno. No porque sean contrarios a su contenido. El momento elegido por Pérez para dictar cátedra no fue el apropiado. El oficialismo está consciente de que las posibilidades de retener el poder en las elecciones del próximo año son difíciles. Y todo comenzará a definirse en los comicios municipales que se realizarán en octubre próximo.

Las declaraciones de Pérez no son el único elemento urticante. Hasta ahora, a pocos días de que se cierren las inscripciones para los candidatos, la coalición gobiernista aún no puede elaborar una lista de postulantes a alcaldes, y para los concejales lleva dos.

En la oposición, las cosas no están más calmas. Renovación Nacional (RN) y la Unión Demócrata Independiente (UDI) intentan elaborar listas conjuntas. Ambos, sin embargo, tienen problemas con algunos de sus líderes más destacados. Varios alcaldes emblemáticos de la UDI enfrentan acusaciones de dolo. Y la gravedad de los cargos levantados por la Contraloría General de la República es tal, que una edil renunció al Partido y otro decidió no ir a la reelección. Además, la alcaldesa de Viña del Mar, una especie de pope dentro de la UDI, soporta acusaciones que seguramente terminarán en la justicia.

A Renovación Nacional no le va mejor. El alcalde de la populosa comuna capitalina de Ñuñoa ha sido cuestionado por manejo incompatible. Lo curioso es que la directiva de RN se cuadró con su militante. Y es curioso, porque en anteriores casos que afectaron a ediles de partidos de Gobierno e incluso de sus socios de la UDI, los dirigentes de RN fueron categóricos. Había que dejar actuar a la justicia. Hoy, en cambio, sostienen que el contralor, Ramiro Mendoza, hombre cercano al Opus Dei y de orientación derechista, se ha equivocado.

Es parte del ambiente extraño en que vivimos. Pero falta otro aditamento. Sólo recientemente la oposición designó a su candidato a alcalde para la comuna de Santiago. Será representada por Pablo Zalaquett (UDI). Apareció mejor posicionado en las encuestas que Roberto Fantuzzi, precandidato propuesto por RN. Ahora resulta que Fantuzzi decidió integrarse a la campaña del candidato de la Concertación, el democratacristiano Jaime Ravinet. Cuando se le preguntó por el cambio, él explicó que no ha cambiado. Siempre he sido independiente, dijo.

Tal vez son las posibilidades que da la nueva política. Lo similar hace confundirse. Todo empieza a dar más o menos lo mismo. ¿Será así?

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Wilson Tapia Villalobos
Periodista
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