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Eligiendo al “Gran Chileno”

Eligiendo al “Gran Chileno”

Nos han convocado a los chilenos, entusiastas de los procesos electorales, a elegir al “Gran Chileno” de la historia.

Es sin duda una gran responsabilidad que nos transformen en “electores” de un hombre o una mujer, que mejor refleje lo que algunos llaman “chilenidad”, un término cuyo significado  es sociológicamente confuso, e históricamente enturbiado por prejuicios sociales, económicos y políticos, deformaciones, desconocimientos y estereotipos, cuando no por ambigüedades y falsificaciones.

Elegir, significa además, que cada uno establezcamos los criterios  o prejuicios, en su sentido más exacto, con que enfrentamos a los “candidatos”, que resultaron de una preselección de una comisión de hombres buenos, y luego una votación circunscrita a estudiantes y profesores.

De los 160 nombres consignados en la primera instancia, quedaron 60 en el segundo filtro, y finalmente fueron diez los “Grandes Chilenos”, los elegidos para enfrentar el veredicto final de los chilenos que voten a través de internet o por teléfono.

Lógicamente, el concurso ya ha generado polémicas y críticas, tanto desde el punto de vista de su real alcance, de su metodología, o de sus interpretaciones políticas.

Quedó fuera el dictador Augusto Pinochet, pero también quedó fuera el Padre de la Patria, Bernardo O’Higgins, que se hizo general al mando de sus peones campesinos, sin tener academia castrense alguna, pero que fue el constructor de la libertad de Chile en lucha contra el colonialismo español.

En definitiva, los elegidos  como los Diez Grandes Chilenos, reflejan los mundos de la política, de la cultura, de las tradiciones militares, de la Iglesia, del origen mapuche de la Patria.

Personalmente habría dejado en esta etapa el proyecto: ¡Estos son los Diez mejores Grandes Chilenos! Y suficiente. Pero el diseño del programa obliga a la votación, a seguir semanalmente o diariamente “las votaciones”.

Y como es inherente a este tipo de procesos, y del gusto local, elucubrar sobre el ritmo de las votaciones, las intenciones de unos y de otros, las confabulaciones para hacer avanzar a unos y otros, y hasta la manipulación política (que puede ser más que una suposición y pasar a la vía de los hechos) o a una interpretación de corto alcance.

En el escenario televisivo están, compitiendo por las simpatías populares: dos Poetas, Premios Nobel, progresistas, socialmente sensibles, como Pablo Neruda y Gabriela Mistral.

Dos cantores de la tradición popular chilena, comprometidos con su pueblo y sus luchas políticas y sociales: Violeta Parra y Víctor Jara, síntesis del alma popular nacional, la primera, y mártir, el segundo.

Un cura jesuita, San Alberto Hurtado, “comunista”, según los conservadores de su época,  que privilegio su opción por los pobres, los jóvenes y los marginados.

Dos Patriotas de la guerra anticolonial,  héroe romántico uno, guerrillero el otro: José Miguel Carrera y Manuel Rodríguez (cantados en su momento por Neruda), víctimas ambos de una muerte artera.

Un representante del país – antes que fuera nombrado Chile- de las raíces originarias mapuches, el toqui Lautaro, gran estratega de la resistencia anticolonial.

Y finalmente, pero primeros en las votaciones hasta el momento, el héroe naval chileno, el capitán Arturo Prat, que cayó en la Guerra del Pacífico contra Perú y Bolivia, y el héroe cívico democrático, Presidente Salvador Allende, muerto el 11 de septiembre de 1973.

Claramente se trata de figuras del espectro progresista de la sociedad, históricamente ubicados entre los revolucionarios, entre los que impulsaron los cambios progresistas y renovadores, y que se comprometieron siempre con las causas políticas y sociales de los pobres, de la democracia, de la justicia, de la libertad.

La entrega a través de la pantalla de TVN  de documentales sobre estos “Diez Grandes chilenos”, ha permitido que las jóvenes generaciones y los televidentes en general puedan conocer destacados aspectos del aporte, la vida y obra de estas figuras de la historia del país.

Y ello sin duda es un aporte adicional al conocimiento de la gente, de temas que van mucho más allá de lo que nos entrega la farándula cotidiana.

Pero no hay que equivocarse, la historia del país y el valor de sus personajes, no se puede establecer meramente por una votación popular, ni por una  simpatía ocasional.

La trascendencia de las personalidades claves de la historia deriva de sus circunstancias, se proyectan en la herencia que dejaron, de la impronta que marcaron, de la proyección  de su ejemplo, de su obra y hasta de sus vidas, en los movimientos sociales que se inspiraron y desarrollaron su pensamiento y acción.

Ello es un ejercicio mucho más complejo, más objetivo y sereno, de criterios realmente históricos y no emocionales, partidistas o derivados del prejuicio, porque el país ha sido construido por variadas fuerzas sociales y muy diversas figuras políticas y sociales.

De manera que la elección de los “Grandes Chilenos”,  aunque a algunos nos gusten los nombres preseleccionados, y quizás nos agrade el finalmente elegido, no es más que una fotografía del estado de ánimo de los televidentes, del 8 de julio al 24 de septiembre, respecto de diez personajes históricos que recibieron el mayor número de nominaciones  en una elección circunscrita a un sector de la población.

Atribuirle un significado de veredicto histórico es claramente una exageración.

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Marcel Garcés
Periodista
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