Y digo acción y no acuerdo de más calado, porque no parece que puedan darse muchos puntos de encuentro si nos centramos en la parte teórica a la hora de decidir cómo afrontar el nuevo escenario económico.
Dejemos para los debates nacionales la gran cuestión de si el recorte del gasto público debe hacerse sobre la base de reducir el gasto social o no. Tampoco Cantabria tienen nada que decidir en otro de los puntos en litigio: si la bajada de impuestos, tal como propone el PP, sería más efectiva para incentivar la economía que acelerar la inversión en obra publica como sostiene el PSOE. En todo caso, los acuerdos en Cantabria, no tienen por qué implicar en ningún caso que el gobierno de coalición regionalista-socialista renuncie al papel de gobernar ni el PP al de ejercer de oposición.
Combinar el alcanzar acuerdos con el ejercicio de las tareas que a cada cual le han encargado los ciudadanos con su voto requiere inteligencia y mano izquierda por parte de nuestros políticos. Los acuerdos de mínimos deben centrarse en lo practico. A estas alturas poco importa quien vio la crisis antes y donde están sus orígenes. El hecho de que Cantabria sea una comunidad pequeña, de sólo medio millón de habitantes, permite que las decisiones que se adopten tengan efectos prácticos casi inmediatos.
Ni soy un experto economista, ni creo que los que lo son tengan soluciones mágicas para lo que se nos cae encima. Creo mucho más en la lógica de las cosas y en ese sentido, y sin ánimo de priorizar ni ser exhaustivo, me propongo en la líneas siguientes poner algunos ejemplos de asuntos en los que el acuerdo entre Gobierno y oposición puede llegar, debe llegar, para obtener resultados positivos.
En primer lugar no hay que despreciar el efecto psicológico que un acuerdo de estas características tendría sobre la sociedad cántabra. El mensaje de unidad ante los problemas ofrece seguridad y confianza. Y seguridad y confianza son dos aspectos básicos para que el resto de las medidas a adoptar funcionen de forma correcta y lo más rápidamente posible. En ese camino de devolver la confianza a la sociedad cántabra los medios de comunicación juegan un destacado papel.
No acabo de entender cual es la lógica de que de pronto los titulares sobre economía, que suelen ser un 1% en tiempos de bonanza, se conviertan en el 99% cuando las cosas van mal. No digo que se oculte la realidad porque no nos guste, pero entre no hablar de lo que todo el mundo habla o regodearse en nuestros males media lo que va de la lógica informativa al partidismo puro y duro de ciertos sectores de la prensa, la radio y la televisión. Un poco de moderación en este campo no afectaría a la objetividad informativa y sí que sería un elemento importante en la evolución de las tendencias negativistas en la opinión pública.
Pero más allá de los estados de ánimo están las actuaciones concretas. Y no son pocas las que se pueden poner en marcha si hay voluntad para ello. Hace no mucho el consejero de Economía, Ángel Agudo, cifraba en 5.000 los puestos de trabajo directos e indirectos que podrían crearse con la puesta en macha de tan sólo dos proyectos del Ejecutivo: la construcción de la nueve sede del Gobierno en Puertochico, el edificio Moneo, y las VPO de La Remonta. En estos dos casos el acuerdo entre Gobierno y oposición dejaría fuera las suspicacias y recelos sobre la posible utilización partidista del desbloqueo de ambos proyectos.
Pero los nuevos tiempos que corren obligan, en mi modesta opinión, a hacer algunos cambios en los dos proyectos citados, que para nada deberían incluir nuevos retrasos. En el caso del Moneo, se necesita como el comer que el inicio de las obras venga acompañado de un replanteamiento general de la distribución de medios materiales al servicio de la administración autonómica, donde la dispersión significa más presupuesto. Un desarrollo más moderno de los sistemas de comunicación interconsejerías y una verdadera oficina única, donde se puedan realizar todos los trámites vía telemática, son objetivos posibles a corto plazo y muy rentables. Hacer un estudio de ahorro de alquiler de locales tampoco debería descartarse.
En cuanto a La Remonta, no parece fácil que en los tiempos que corren 1.300 VPO encuentren sitio en el mercado, sin crear más problemas que soluciones. En cambio, convertir la mitad de la promoción en viviendas de alquiler, con opción a compra o no, iniciativa que José María Mazón, desde la Consejería de Obras Públicas y Vivienda ya ha puesto en marcha, no sólo facilitaría el acceso a esas viviendas de personas con necesidades reales, sino que no afectaría negativamente al resto del mercado inmobiliario actualmente en franco retroceso.
Otros dos grandes proyectos, cuyas bases ya están puestas pero que falta para su desarrollo el acuerdo entre administraciones, como la recuperación del espacio ferroviario o la apertura del Puerto a la ciudad, tendrían que tener prioridad en el acuerdo. Se trata no sólo de grandes obras que dinamizarían el sector de la construcción y la obra pública, sino que son nichos de futuro negocio tanto en el ámbito comercial como en el turístico. Recuperar la entrada y salida a y desde Santander por la zona marítima es una operación de gran empuje económico. Hay otros proyectos de grandes infraestructuras, pero su desarrollo, dada la complejidad administrativa, será mucho más lento.
En el apartado industrial a las buenas noticias de los últimos meses –nueva carga de trabajo para Equipos Nucleares, la vuelta a la construcción naval de Astilleros de Santander, el próximo inicio de actividades en GFB, etcétera-- se unirán en los próximos días alguna otra importante noticia. La puesta en marcha del Plan Eólico regional, los aumentos de plantilla en algunas grandes empresas instadas en Cantabria, o la posibilidad de que el Proyecto Comillas despegue a más velocidad de la espera, son otras buenas señales para el futuro.
Pero muchos esfuerzos se perderían o tardarían más en dar frutos sin ese acuerdo de acción de mínimos de que escribía al principio de este artículo. Cuado pintan bastos es cuando se ve la verdadera categoría de políticos a los que en tiempos de bonanza sólo se les piden que dejen ir las cosas. Pero lo dicho. Para que las sinergias funcionen se necesita un acuerdo político generoso. ¿En España? Es posible que sí, pero en Cantabria seguro.