A las nueve de la noche del pasado viernes entré en un diario digital madrileño con intención de informarme sobre el resultado de un partido de Rafael Nadal en Cincinatti y recibí un impacto terrible por el titular de la primera noticia que vi: “Fallece Leopoldo Alas”. Leí con consternación la información que decía que el escritor había nacido en Arnedo (La Rioja) el 4 de septiembre de 1962. Por tanto, dentro de un mes iba a cumplir 46 años. Poeta, novelista, articulista – yo leía siempre sus magníficos artículos -, dramaturgo, autor de dos libretos de ópera, colaborador de radio y participante en tertulias televisivas, Leopoldo Alas era sobrino biznieto del célebre Leopoldo Alas, el autor de La Regenta y del cuento magistral Adiós, cordera, que, en este momento, podemos leer también en la primera parte de su título – Adiós – como un anticipo de la despedida del autor de los libros de poesía La posesión del miedo (1996), El triunfo del vacío (2004) y Concierto del desorden (2007), el último libro del escritor desaparecido. Su primer libro de poesía, Los palcos, lo publicó en 1988.
Como con modestia nos recuerda en la excelente necrológica que le dedicó Vicente Molina Foix en un diario madrileño, Molina Foix siente el pequeño orgullo – y digo que nos lo recuerda con modestia porque el orgullo lo califica de pequeño - de haber dado a conocer los primeros poemas de Leopoldo Alas, a quien incluyó en una antología de cinco jóvenes inéditos. Aquella antología se publicó en 1982 en la espléndida revista Poesía, a instancias de su director, Gonzalo Armero, también recientemente fallecido. Leopoldo Alas tenía entonces 20 años. A los 19 años ya había publicado el libro de relatos África entera tocando el tam tam.
Luis Antonio de Villena, que también le ha dedicado un excelente artículo en otro diario madrileño, incluyó a Leopoldo Alas en su antología de poesía Postnovísimos. Saludé, el sábado pasado, a las cinco de la tarde, como el célebre verso del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de Lorca, a Luis Antonio de Villena en el crematorio del cementerio madrileño de la Almudena y, junto con la honda tristeza de despedir a un ser tan extraordinariamente vitalista como Leopoldo Alas, sentí el alivio de ver a Villena con traje y, sobre todo, con corbata, como yo vestía. Había reparado yo en que, entre el numeroso grupo de familiares, amigos y compañeros de profesión de Leopoldo Alas, sólo llevaban corbata los empleados de la funeraria y yo mismo, y por eso saludar a Luis Antonio de Villena, que también llevaba corbata, me dio la esperanza de que también podríamos contar con su ayuda en el caso de que los empleados de la funeraria, al verme con corbata, quisieran incorporarme a su equipo a la hora de - ¡qué sé yo! – acaso cavar la tumba. Si es posible teclear la dirección digital de un periódico madrileño con la intención de informarte de una noticia tenística y encontrarte de bruces con la dolorosísima y absurda noticia de la muerte de Leopoldo Alas, un cuarentañero y no un cuarentón por su espíritu jovencísimo, ¿por qué no va a ser posible, además de absurdo, que unos empleados de la funeraria, simplemente por el hecho de llevar corbata, como ellos, te pongan a abrir una zanja en el cementerio de la Almudena?
Y no me corto aquí, a la hora de recurrir al humor negro en un momento tan doloroso como éste, porque la última vez que ví a Leopoldo Alas fue en la presentación de Carta a mi mujer, de Francisco Umbral, en un hotel madrileño, hace unos pocos meses. Tuve la suerte de que, a la hora del almuerzo, los cartelitos con el nombre de Leopoldo Alas y con el mío, fueran juntos y por eso lo tuve, como comensal, a mi derecha. Como siempre, hablar con Leopoldo Alas fue un inmenso placer. Su enorme cultura, su pasión por la poesía, su vitalidad, su amabilidad, su progresismo – una palabra también absurdamente en vías de extinción aunque, por fortuna, todavía no ha sido incinerada - hacían que la conversación con él fuera apasionante.
Desde septiembre de 2004 Leopoldo Alas fue el conductor del magnífico programa Entiendas o no entiendas emitido por Radio 5 de Radio Nacional de España. Entiendas o no entiendas ha sido en España el primer programa radiofónico dedicado al mundo de gays y lesbianas que, en justa correspondencia, literalmente veneran a Leopoldo Alas. Por esta valiente defensa de los derechos de gays y lesbianas podemos concluir que Leopoldo Alas incluso tuvo un punto en común – y probablemente el único – con la ultraneoliberal presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que, contra lo que suele ser habitual en su partido, el PP, también declara que defiende los derechos de gays y lesbianas.
Leopoldo Alas, te queremos como a tu tío bisabuelo Leopoldo Alas, y puedes imaginarte, estés donde estés, que, tras leer la noticia de tu muerte, me pareció un delito pinchar en la sección Deportes del diario digital que me dio la noticia de tu muerte para saber el resultado del partido de Nadal. Nadal había ganado pero tú habías muerto. .Ese día, para mí, sólo hubo una noticia. Tu familia, tus amigos, tus lectores, tus oyentes de radio siempre te llevaremos en nuestro corazón, esa válvula que ni siente ni padece pero que bombea sangre.