A las 16.30 la plaza de Colón ya era testigo de la asistencia de miles de personas que acudían para participar en la marcha. Cuando faltaba todavía media hora para su inicio, la multitud congregada comenzó a corear gritos de "Zapatero, dimisión", o "No se puede aguantar, nos ponen una bomba y quieren negociar". A las 17.15 la manifestación arrancó entre aplausos y gritos de los asistentes.
Minutos antes, los organizadores soltaron 25.000 globos amarillos y rojos con lemas como "No negocien con nuestro futuro", "ETA pide lo que no se le puede dar", "¡¡¡No a la negociación!!!" o "Casi mil muertos y miles de heridos por ETA" o "200.000 vascos desterrados por ETA". Otros de los lemas coreados por los asistentes son "España merece otro presidente", "La libertad no se negocia" o "Zapatero, las víctimas primero".
En la cabecera de la marcha y detrás de una pancarta con el lema de la movilización, portada por miembros de las Juventudes del Foro Ermua, se situaron entre otros, el presidente del Foro, Mikel Buesa; y familiares de víctimas del terrorismo como Mari Mar Blanco, Teresa Jiménez Becerril y Pilar Elías. Junto a ellos estaba el ex ministro del Interior Jaime Mayor Oreja y el senador del PP Manuel Fraga, y unos metros más atrás se situaban el ex presidente del Gobierno José María Aznar, los ex ministros Josep Piqué y Ana Pastor y la plana mayor del PP: Mariano Rajoy, Ángel Acebes y Eduardo Zaplana.
También acudieron a la convocatoria la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón. La presidenta regional afirmó que los participantes en la marcha desean "derrotar el terrorismo con todos los medios que la Ley pone en nuestra mano". A su juicio, "quienes asesinan, extorsionan, amenazan y utilizan la violencia no pueden obtener ventajas políticas de sus acciones ni por matar ni por dejar de matar". Por todo ello, concluyó Aguirre, "estamos aquí, en esta manifestación para manifestar que con la Ley en la mano se puede vencer al terrorismo".
La manifestación finalizó en la Puerta de Alcalá donde se dió lectura a un manifiesto en el que se exigió "el abandono de cualquier horizonte de final dialogado de ETA". La organización preparó un dispositivo de alrededor de 1.200 personas para velar por la seguridad de los asistentes durante la manifestación.