Los datos del CIS tras los "cien días"
En la encrucijada
sábado 09 de agosto de 2008, 13:38h
Actualizado: 11 de agosto de 2008, 11:11h
Transcurridos pocos más de los tópicos “cien días” desde las últimas elecciones generales, los datos del oficial CIS son de singular elocuencia. Los ciudadanos españoles, convencidos de la hondura y gravedad de la crisis económica, y escandalizados por la extraña pasividad con que el Gobierno parece decidido a no hacer nada que no sea dejarse llevar hasta que escampe, son ya conscientes de las consecuencias del voto mayoritario producido en las últimas elecciones generales. Quizá Rodríguez Zapatero teme que las medidas contra la crisis serían incómodas para una política populista cada vez más alejada no ya del liberal-progresismo, sino incluso de la socialdemocracia al modo europeo. Las encuestas dicen que muchos electores cambiarían, si pudieran hacerlo, el voto que mantuvo a Rodríguez Zapatero al frente del Gobierno nada menos que hasta 2012, pero los resultados electorales están para acatarlos.
Con el arrepentimiento del voto, los españoles han descubierto que no sólo padeceremos, o estamos empezando a padecer, consecuencias añadidas y agravadas de la crisis económica, sino que será más prolongada de lo necesario y llegaremos en pésimas condiciones a la siguiente fase expansiva. Dicho de otra manera, saldremos de la crisis más tarde y peor que los países vecinos. Y si esto ya lo entienden los ciudadanos, y retiran, con rapidez e intensidad sin precedentes, su apoyo al Gobierno recién reelegido ¿no deberían las restantes fuerzas parlamentarias poner el interés general del país por delante de sus diferencias ideológicas o estratégicas y acordar, cuanto antes, una fórmula que, desde la plena ortodoxia constitucional, permitiera volver a una digna y eficaz política de consenso como la que, en los muy difíciles años setenta, permitió afrontar la crisis económica, minimizar sus consecuencias y preparar la recuperación?
Hay ocasiones en las que no es razonable la actitud de "dejar hacer, dejar pasar", cuando están en juego la calidad de vida de las personas y las familias y la viabilidad o simple supervivencia de miles y miles de empresas. No va a ser bueno lo que salga del mantenimiento artificial de un modelo de política económica tan fracasado que lo rechazan los ciudadanos apenas unos meses después de salir ajustadamente de las urnas. Miles de pequeñas y medianas empresas se acercan rápidamente al umbral de la inviabilidad. Del sector financiero llegan ominosas señales. Los mercados descuentan cada vez mayores probabilidades de un horizonte próximo de recesión.
En estas circunstancias, la prudencia de Durán i Lleida ha puesto una vez más la dosis de buen sentido, al reclamar unos nuevos Pactos de La Moncloa. A convocatoria del Gobierno, el PSOE, el PP, los partidos de izquierdas y los nacionalistas, las organizaciones empresariales y sindicales, deben reunirse y pactar. Si esto no se intenta, la responsabilidad de lo que suceda será de quienes estén muy por debajo de las condiciones éticas exigibles para los puestos que ocupan.
¿Y si el Gobierno sigue cerrado a ese amplio consenso político necesario para trabajar contra la crisis económica? De momento, la mayoría que reflejan las encuestas, incluso las del oficial CIS, es ya distinta de la configuración numérica del actual hemiciclo parlamentario. Es verdad que cuentan los votos y no las encuestas, por supuesto. Pero cuando tan pronto y tan intensamente las encuestas evidencian el desencanto de los electores, la decencia política reclama precisamente una nueva validación de las urnas, esto es, elecciones generales anticipadas. Los grupos parlamentarios, por mucho que el Gobierno quiera apalancarse en las poltronas, están en condiciones numéricas de hacer real a nivel político lo que ya es real a nivel de calle.
En sus magistrales “Visiones de Neurastenia” contaba Fernández Flórez el dilema del paseante que, llegado a un cruce de calles, descubre que no tiene motivos para cruzar y seguir adelante, o para volver atrás, o para torcer a derecha o a izquierda. La economía española, es decir, la nuestra, la de los ciudadanos, las familias y las empresas españolas, está en la encrucijada. Pero podemos eludir la neurastenia de la situación porque conocemos la respuesta: hay que volver atrás para poder seguir adelante. Esto puede tramitarse bien por una moción de censura positiva, que genere una nueva mayoría parlamentaria ¿por qué no bajo la dirección de algún líder periférico capaz de recuperar la confianza social?, bien por un acuerdo parlamentario que produzca elecciones generales anticipadas. Grandes problemas exigen grandes soluciones. O no… seguir pasivamente bajo la tormenta esperando que escampe.