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Un poco más de simpatía, presidente

miércoles 03 de septiembre de 2008, 11:24h
Actualizado: 11 de septiembre de 2008, 07:13h
Llegó Zapatero al poder hablando de talante. Y lo puso en práctica: su
gobierno era, y es, mucho más simpático que el que presidió José María Aznar (tampoco era tan difícil, la verdad). Pero ocurre que me parece que ese
talante de ZP se está desviando hacia los alegres reportajes montañeros y se
convierte en frialdad cuando se trata de reaccionar ante la tragedia que
vive medio millón de personas que han perdido su empleo en los últimos seis
meses. “Un mal dato” no es la reacción que se espera del presidente del
gobierno de todos cuando nos anuncian que, solamente en agosto, más de cien
mil personas se han quedado sin trabajo. Es algo más que un mal dato: es un
drama para todas esas gentes como usted, como ZP, como yo, con nombres, cara y ojos, con aspiraciones e ilusiones.

Y no, no es verdad que pueda ahora decirse, como ha hecho José Blanco, que al fin y al cabo es el ‘número dos’ del PSOE, que la mayoría de los
españoles vive “muy bien”, aunque haya ‘algunos casos’, como si medio millón
fuesen apenas excepciones aisladas, en los que no es así. Ni siquiera
discuto si la mayor parte de los españoles tiene recursos sobrados para
seguir viviendo ‘como antes’ o no; puede que sí. El problema acaso sea otro,
más profundo. Nuestros gobernantes se han instalado en un ‘statu quo’
rosáceo y se niegan a ver la parte oscura de la película, que a ellos les
gusta, cómo no, a todo color.

Conste que entiendo perfectamente que desde el poder no se pueden cargar las tintas ni las dosis de catastrofismo: la crisis se agrava cuando existe
sensación de crisis. Pero una cosa es mantener una actitud de cautela y
otra, muy diferente, contemplar a ese ejército de nuevos parados como un
“mal dato” molesto que ensucia el límpido horizonte dorado. Me decía Adolfo
Suárez
, cuando acababa de abandonar la presidencia, que es complicado
identificarse con los agobios del tráfico cuando todo lo ves desde el
helicóptero. A eso, precisamente a eso, ha dado en llamarse ‘síndrome de La
Moncloa’, señor presidente. El peor síndrome posible para quien soporta la
mayor responsabilidad de la cosa pública.
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