Creo que la cultura que deben promover las políticas municipales no deben organizarse en función de la oferta productiva, sino es la producción la que debe adaptarse a las necesidades de la cultura en una ciudad como Madrid. Y es su gran reto, como cargos públicos, saber ofrecer y promover una cultura activa y participativa junto con la ayuda a los productores para esta función.
Solo se actúa desde la concepción de que la cultura genera entretenimiento y riqueza. El turismo y la industria artística….mueve dinero.Pero, ¿donde ha quedado la relación de la política municipal en cultura y en arte con la educación, con el bienestar social, con la cohesión de la ciudad y la vida de sus ciudadanos?
¿Donde ha quedado la aportación de la cultura actual que se promueve desde el municipio para afrontar retos como la mayor libertad, menor violencia, mayor creatividad, mejor democracia y desarrollo, mayor justicia social, inclusión y participación? Recuperar esta concepción de contribución de la cultura a la creación de mejores hombres y mujeres es necesario.
Los gestores culturales del Ayuntamiento de Madrid saben que se equivocan cuando sus objetivos se centran en entender que el Arte es igual a los grandes espectáculos y eventos y utilizan el marqueting propio de los poderosos, construyendo cultura de clases y clases en la cultura.
El Ayuntamiento de Barcelona ya analizó en sus documentos, el proceso histórico de los últimos años, proceso que se asemeja a lo que ocurre en la ciudad de Madrid. Para ellos los principales paradigmas que guiaron las políticas culturales municipales desde mediados del siglo XX se han caracterizado por el interés de contribuir a la democratización cultural centrado en el desarrollo comunitario.
Por ello a partir de la creación de las primeras concejalías de cultura
a finales de los 70, se desarrolla la acción sociocultural mediante la
inversión en equipamientos y de barrio así como la potenciación de la
fiesta y la recuperación de la calle. En este periodo cobra gran importancia la dinamización cultural y la recuperación de la identidad.
A finales de los 80, el modelo de la acción sociocultural se abandona alegando una falta de gestores culturales formados y la escasez de recursos del sector público. Se impone, a partir de entonces la gestión cultural con criterios de especulación y mercantilización de las acciones culturales de difusión, ya sean equipamientos o eventos, y la integración de las políticas culturales dentro de los planes integrales de desarrollo.
A mediados de los 90, la crisis presupuestaria pone en cuestión este modelo manteniendo, no obstante, sus herramientas más básicas: las bibliotecas, los equipamientos de proximidad, las fiestas y festivales-
Surge con el 2000 la promoción por los ayuntamientos de proyectos multiculturales, multidisciplinarios que sean capaces de gustar y atender la demanda de diferentes públicos. Se construyen y apoyan proyectos culturales de ciudad que movilizan numerosos artistas, productores y mediadores que se unen para su desarrollo: La Noche en Blanco, Matadero Madrid, CaixaForum, etc.
Sin embargo, mientras, las fiestas de los barrios, que solían tener una repercusión positiva en la cohesión y convivencia social y que deberían tratarse de proyectos eminentemente artísticos que intenten restablecer lazos sociales en el barrio y generar recursos económicos, van reduciendo en calidad artística y en capacidad presupuestaria.
Por otro lado, los festivales, que tratan sobre todo de dar salida a la industria artística más específica, corren el peligro de tener un impacto muy puntual en el desarrollo. Mientras se realizan fuertes inversiones por parte de las administraciones públicas, en la que la administración local suele estar respaldada por los entes regionales y estatales, las repercusiones económicas suelen recaer en las Empresas ligadas al turismo (hoteles, restaurantes, agencias de viajes, etc.) y aunque pueden suponer un crecimiento del empleo, en general éste suele ser temporal. Estas y otras estrategias municipales son la base de la política cultural de nuestro municipio madrileño.
Ni la llamada oficina de proximidad, con las dificultades de responsabilidades políticas en cada distrito, ni las denominadas ayudas a la creación, y la cultura de calle son hoy programas relevantes en nuestra ciudad. Tampoco se toma con excesivo interés la oferta de locales de ensayo para los artistas noveles. Las nuevas tendencias que no estén soportadas por presupuestos y patrocinadores son consideradas inexistentes…tal es el caso del graffiti o muralismo.
Mientras, para hacer frente a la globalización se van creando sociedades de la información que puedan ser nodos de la economía global.
Se van incorporando las leyes del mercado de la cultura y las directivas existentes en Europa condicionando y constituyendo una forma “global” de gestión, con escaso margen para la creación propia y que precarizaran el sector artístico hasta situaciones hoy desconocidas.
Y en lo ideológico la estrategia es desplegar la cultura constituyente, es decir valores, formas de vivir y pensar que se justifican en que es útil para cohesionar la ciudadanía. Sin embargo este modelo esta agotándose en si mismo antes de poder hacerse realidad en la Europa actual.
Por un lado por las constantes crisis económicas del sistema actual hará avanzar y retroceder la industria en función del crecimiento de otros mercados de mayor interés financiero. Y por otro con los nuevos modos procedentes de Oriente que están ya ofertando otros modelos basados en la utilización de la tecnología robótica y tecnológica informática en las ofertas artísticas de gran escala.
La Izquierda al entrar a gestionar en las instituciones ha perdido la defensa de valores de la cultura como acicate para la democracia y para otro mundo mejor , entrando a buscar también formulas dentro de la concepción de industria artística y mercado o en el peor de los casos a defenderse de los efectos del modelo actual.
Es posible compartir una forma de gestión cultural, que no perjudicando los necesarios intereses de la industria, incorpore instrumentos más sociales basados en la incorporación de la educación y formación cultural, en la promoción de gestión cultural basada en estructuras del tercer sector y el cooperativismo, superando el actual pesebre de elites en que se han convertido los presupuestos municipales.
Es posible que las actividades artísticas que son de carácter público contengan objetivos claros de contribución al progreso democrático, es decir a la participación activa de la ciudadanía, a la contribución de la riqueza local y al protagonismo de las personas en la expresión cultural de su barrio y ciudad. Tal vez al ver esta evolución es por lo que….no acabo de disfrutar del todo en la Noche en Blanco..
Milagros Hernández es concejala de IU en el Ayuntamiento de Madrid