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Como un perro

Como un perro

El premio Nobel de Literatura colombiano dijo en Monterrey que cuando revisa los diarios “sufre como un perro” porque casi nunca encuentra piezas periodísticas de excepción, “pequeñas joyitas dentro de un oleaje de papel gris con negro”.

Y dijo más: “El periodismo desaparecerá si lo dejamos acabar. Si no lo agarramos y lo hacemos subir nos aburriremos nosotros mismos”.

Gabriel García Márquez, casi siempre certero en sus reflexiones sobre “el oficio más hermoso del mundo”, expresa la angustia generalizada de una sociedad que cada vez tiene en sus manos nuevos medios de comunicación pero, contradictoriamente, está más desinformada.

Y expresa también la angustia del propio periodismo que a veces no se encuentra, que no entiende cómo responder, que duda cuando lo acosan, que se confunde cuando recibe críticas, que no sabe cómo enfrentar los desafíos que le imponen los tsunamis políticos y las formas que asume el poder para renovar su imagen y consolidar su mando.

En esa línea, muchos ecuatorianos “sufrimos como un perro” cuando observamos en la televisión los espacios organizados por el Gobierno con el Presidente y periodistas de medios.

El pasado domingo fue un ejemplo de aquellas angustias y desencuentros. Los tres periodistas, de distintos canales de televisión, fueron armados de supuestos y decires, pero les faltó referir hechos concretos.

Llegaron para hablar con el mandatario sobre el hiper-presidencialismo en el proyecto de nueva constitución y cayeron en la trampa de ser parte de un show diseñado desde la habilidad de los publicistas y asesores de Carondelet.

En lugar de abordar temas puntuales como ciertas incoherencias de un régimen que no transparenta sus procedimientos o que aún no concluye ninguna de las carreteras prometidas, de nada valió que los periodistas hubieran estudiado el proyecto constitucional y que intentaran adivinar el futuro: el entrevistado marcó los tiempos, impuso la agenda, subestimó a sus interlocutores y descalificó cualquier sospecha o presunción.

Fue una batalla desigual. Ellos, desamparados de argumentos frente a un personaje impaciente y arrasador que, además, conocía bien el libreto. Desconcertados por la pasividad de una moderadora del staff del canal gobiernista que poco hizo para controlar los excesos presidenciales en el uso del tiempo, calificativos e ironías.

El objetivo oficial era claro: desvirtuar la tesis de que la nueva constitución concede demasiados poderes al presidente de la República. ¿Se lo consiguió? La estrategia gubernamental apunta a que los televidentes que presencian el espectáculo de la política caigan en la seducción del discurso sin que importe quiénes sean los preguntadores ocasionales.

Tras año y medio de gobierno, seguimos “sufriendo como un perro” porque buena parte del periodismo aún no entiende que al poder hay que cuestionarlo desde los ciudadanos, es decir, desde la rendición de cuentas y la crítica puntual.

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Blog sobre los medios y los periodistas
 

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