La visita de Juan Evo Morales Ayma a Panamá ocurre dentro de la formulación de un ambiente pro relaciones con Estados Unidos, cuando el país ístmico busca que el senado norteamericano apruebe el Tratado de Promoción Comercial entre ambos países. Evo Morales expulsó al embajador norteamericano Philip Goldberg, que de paso se llevó también al de Venezuela, Patrick Duddy, a quien el gobierno de Hugo Chávez le dio plazo perentorio para salir del país. Duddy fue expulsado por solidaridad con Bolivia, dentro de una revisión general de las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos.
El presidente Morales no viene invitado por el gobierno panameño, sino por la Universidad Nacional, que lo investirá Doctor Honoris Causa, pero el presidente Torrijos lo recibirá en el palacio presidencial la misma semana que se reunirá con su homólogo estadounidense George Bush.
La amplitud en las relaciones con otros países hubiera sido inconcebible hace una década, cuando Estados Unidos tenía una cuestionada pero real y poderosa presencia en el istmo, o cuando se le veía como un imperio hegemónico después de la guerra fría y la existencia de un mundo bipolar. El imperio ya no puede ejercer el tipo de presión sobornadora de antes, porque Latinoamérica tiene puesta su visión en una unidad geopolítica, ideológica y comercial.
La debilidad de las viejas prácticas imperialistas también tiene que ver con quién está sentado en la Casa Blanca: Bush es un presidente sin prestigio, que equivocó toda su política exterior y salió con el garrote en tiempos en que la palabra vale más que el fusil.
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