www.diariocritico.com

La muerte de Erika, huelebraguetas y chismosas

sábado 10 de febrero de 2007, 13:10h

   El trágico fallecimiento de Erika Ortiz Rocasolano ha vuelto a poner de actualidad el debate sobre si el derecho a la información ha de primar sobre el derecho a la intimidad o viceversa. Es el eterno dilema, nunca resuelto y seguramente lo seguirá siendo mucho tiempo. ¿Hasta donde se debe llegar cuando una noticia es de interés informativo para no rozar los límites que agredan de forma brutal y despiadada el derecho a la intimidad de los afectados? ¿Es lícito o no alimentar el morbo de una noticia si esta aporta elevados índices de audiencia y medimos en esos parámetros el interés de los espectadores por la misma? Yo personalmente creo que no, que aquí no vale todo y desde luego no podemos convertirnos por acción u omisión en una profesión de huelebraguetas y chismosas por mucho que los programas "rosas" sigan subiendo sus audiencias y dando pingües beneficios a las cadenas de televisión.

   Da igual que en esta ocasión la noticia tenga el rostro de la hermana de una princesa y que esta sea la nuestra, porque en este debate no sirven -y, además resultarían estériles- las distintas varas de medir. En una ocasión me contó Pedro J. Ramírez una interesante conversación que había mantenido con el maestro de periodistas Indro Montanelli cuando nuestro país acababa de salir del franquismo y empezaba el amanecer de la democracia. ¿Dónde están los límites de la libertad de expresión? -le pregunto el joven periodista al ya veterano-. "En la conciencia de quien la ejerce, no está ni en las leyes ni en los reglamentos sino en la conciencia de las personas", respondió. ¿Y quién es un buen periodista?, insistió. "El que tiene conciencia de su enorme responsabilidad. Podemos hacer el bien y nos podemos convertir en envenenadores. Cualquiera puede caer en el error, pero hay errores limpios, errores sucios y errores asquerosos".

   La reflexión pone el dedo en la llaga de muchos de los males que afectan a nuestro profesión, una de las más desprestigiadas en casi todos los ránkings. Más allá de los intereses de nuestras empresas, los periodistas nos debemos a nuestros lectores, oyentes o espectadores. No somos unos asalariados como cualquiera otros, sujetos a las mismas reglas, deberes y derechos. No es lo mismo un periodista que un empleado de banca o un ejecutivo. Nosotros no debemos lealtad a quien nos paga un sueldo, sino al destinatario último de nuestro trabajo que es el público receptor de las informaciones que transmitimos. No somos los responsables de una cuenta de resultados, sino de algo muy superior en importancia: el derecho a la libertad de expresión e información base y condición de los demás derechos y libertades.

   Cualquier tipo de periodismo sea político, económico, deportivo,  social o rosa puro y dura, cualquiera, se puede ejercer con responsabilidad y en vista de que hay tantos intereses agazapados detrás de nuestra profesión lo mejor que podemos hacer es optar por poder mirarnos a nosotros mismos a la cara y mantener con dignidad el oficio que realizamos, aunque sea duro y difícil. ¡Qué razón tenia Montanelli cuando afirmaba que él cuando veía a un periodista rico, desconfiaba. Yo también lo hago. El amor por el dinero está últimamente muy por encima de nuestra pasión por la noticia y cuando eso ocurre... algo apesta. El ¡vale todo! es mal compañero de viaje...

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios