www.diariocritico.com
COMIENDO DEL ENEMIGO

COMIENDO DEL ENEMIGO

martes 23 de septiembre de 2008, 20:44h

La cocina es hija de la geografía. Es el entorno lo que determina lo que va a la olla de los pueblos. Así nacieron las cocinas regionales, desde que un mono hambriento decidió bajarse del árbol y comenzó a masticar raíces. De recolector pasó a cazador, de ahí a cultivador y, hoy en día, a comprador. En el Siglo XXI la cocina nace de lo que se compra en el mercado. Ni más ni menos.

Nuestra dieta básica, la del pueblo, está constituida básicamente por caraotas, arroz y carne. A veces, la carne se reemplaza con  pollo y se agrega un trozo de queso. Hay, por supuesto, múltiples opciones pero en general esto es lo que se come actualmente en el país.

Veamos cuál es la geografía de lo que comemos. Como un gran logro el gobierno muestra las bolsitas que la industria petrolera vende a 20 bolívares fuertes. En esas bolsas vienen unas  caraotas negras que hay que remojar bastante  para lograr una buena cocción. No son de Cojedes, ni de Guárico ni de Sabaneta de Barinas, no señor, son nada menos que del propio imperio, de la zona de Iowa y Minnesotta, black beans de la marca Peak producidas por la Trinidad Benham Corporation, el mayor proveedor de alimentos de las cárceles de  Estados Unidos. O sea, estamos comiendo lo mismo que los presos, entre ellos nuestros paisanos bolivarianos Durán, Kaufman y Maiónica, denunciados por el gordo Antonini.

También viene en la bolsa un kilito de arroz. ¿De Portuguesa? No. ¿De Monagas? No. ¿De Yaracuy? Tampoco. También vienen del imperio, de Arkansas y Texas, la tierra de mister Bush, es de la marca Blue Diamond (diamante azul) y lo suministra la criollísima Gulf Pacific.

También viene una botella enorme de aceite, elemento indispensable para freir empanadas y tequeños, de la marca CWP, producido por la Cal Western Packaging Corporation, con soya proveniente de diversos estados de la Unión, etiquetado con su correspondiente Made in USA y donde por ninguna parte de lee República Bolivariana  de Venezuela.

También me enteré, por boca del propio Ministro del Poder Popular de Alimentación, Félix Osorio, que el 70% de los productos que distribuye Mercal, son importados. Dijo que mensualmente nos llegan 23 mil toneladas de pollo de Brasil, producidos por capitalistas brasileños, digo yo, que les dan trabajo a obreros brasileños, para que no tengan que andar de buhoneros por Río de Janeiro. ¿Chévere, verdad? Pero eso no es todo. También vienen  todos los meses 5 mil toneladas de leche de Argentina y Nueva Zelanda y unas 4.5 mil toneladas de azúcar, especialmente de la Florida, USA.

Como ven, nuestra geografía alimentaria es ancha y ajena. Lejanos están los tiempos en que éramos felices comiendo lo que producíamos en el entorno nacional. Ahora  que somos bolivarianos la autarquía luce imposible. Nuestra despensa es casi universal.

Todo lo que he leído y escrito sobre gastronomía en estos últimos treinta años y que tiene que ver con la alimentación del pueblo, se puede resumir en una frase: El sabor nace del paisaje y propicia una identidad que la memoria transforma en cultura. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando esa identidad culinaria traspasa fronteras y se nutre con el enemigo?

 

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios