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Flatulencia bucal comparando 'Rodea el Congreso' con el asalto Bolsonarista

lunes 09 de enero de 2023, 12:26h

La escalofriante turba que asalta parlamentos arengada por la publicidad de la extrema derecha, debiera alertarnos de los peligros de poner a eficientes empresarios en el poder, que con innata capacidad para el egoísmo natural y amplio espacio para la fe, presumen de ignorancia mientras hinchan el pecho al hablar de la opulencia de sus negocios.

Es una constante en amplios sectores de la derecha, no solo brasileña o estadounidense, buscar amparo en la mentira para conseguir la fuerza que la razón les niega y así auparse al poder. Esa derecha sin la que el engaño, regado del necesario dinero para comprar periodistas y medios, dejaría desnudo lo que en el fondo subyace, que no es otra que la imposición de quien tiene dinero (para más señas, puede usted volver al párrafo anterior) sobre los demás. “La libertad” tan falsa como cacareada por líderes políticos no tan lejos de aquí.

En la escalada flatulente no han faltado bocas en el suelo patrio exhalando la comparación primero del asalto al Capitolio, ahora de los hechos de Brasil, con las manifestaciones de Rodea el Congreso. El hedor desprendido es tan pestilente que por salud e higiene, convendría a sus autores abrir puertas y ventanas, ventilar bien la sala, y contener el Trumpismo que ahora, como hace dos años, placenteramente han dejado correr pernera abajo, impregnando su propia dignidad.

Las mismas personas que permitieron entrar en las instituciones a la extrema derecha española, parte del entramado internacional al que pertenecen el Trumpismo o Bolsonaro, enlazada hasta lo de Ucrania con Putin, y amiga de Orban, señalan ahora contra las manifestaciones de Rodea el Congreso, olvidando que fue la proximidad de las políticas e ideas aplicadas por ellos a las de Trump y Bolsonaro, lo que fecundó la génesis de dichas manifestaciones.

Seguramente en esa suerte de concurso Trumpista donde contrario a toda razón, gana quien más se mancha, han olvidado que la policía, aquel 25 de septiembre de 2012, acordonó bajo sus órdenes el Paseo del Prado en todas las calles que daban a su acera de impares, y que virtud de dichos cordones fue impedir a la multitud disolverse mientras la policía cargaba contra la población, obligándola a correr calle abajo, para volver a cargar nuevamente tras cada carrera, en una secuencia que llegó hasta Embajadores, sin dejar de lado que al final de dicha calle, unidades de antidisturbios entraron en la estación de Atocha, y en perfecta formación, lanzaron sus bolas de goma por los andenes de cercanías, sembrando el caos entre los viajeros, muchos de los cuales se lanzaron a las vías en desesperada huida (de ellos) mientras los trenes circulaban. (No necesito que me lo cuenten, yo estuve allí, entre la gente que corría)

Este autorretrato dibujado aquel 25 de septiembre por las fuerzas de Rajoy, dejó al descubierto lo que ya siempre se ha intuido bajo el manto de dinero en publicidad, pareciendo contrario a toda razón este reguero de pestilente Trumpismo, vertido por algunos importantes cargos de la política española, para señalar aquella manifestación como ejemplo patrio de lo que ha ocurrido en Brasil (Goebbels daría saltitos de incontenida emoción si les escuchara) hincando con empeño el dedo en su propia mediocridad, revelando una vez más la desgraciada norma de que sin la mentira, se ven incapaces de ganar.

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