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La noche de los fascistas vivientes

lunes 26 de septiembre de 2022, 14:55h

El fascismo, ese vampiro silente que sale de la cripta cuando cae la noche sobre la ciencia. El fascismo, que clava los colmillos, convirtiendo a quienes chupa la sangre. El arma escondida (ya no tanto) del feudalismo moderno.

No ha sido fácil despertar a Drácula. Hubo que regarlo con la sangre que manó de la crisis de 2008. Hubo que entonar cánticos desde los medios de comunicación. Clavar proclamas “¿Quieres la vida eterna? Solo te costará un poco de tu sangre” y matar a quienes pedían hacer más caso a la ciencia; seguro que al lector le suenan los términos “austericidio” “cambio climático” “peak oil” “decrecimiento” etc. Hubo que desmotivar y ridiculizar a quienes se quejaban por la avería (parece que permanente) del ascensor social, que redireccionaba a jóvenes a la intransitable escalera del S.XIX, casi siempre descendente hacia el sótano de la frustración.

Es el triunfo de la religión frente a la ciencia. Los “creo” frente a los datos. Negacionistas del cambio climático, racistas y xenófobos, snobs y aporofóbicos, homófobos y tránsfobos, los monstruos que aullaban a la luna llena, salen del cementerio; llevan años fabricando (con ayuda) su ejército de zombies.

Pero ¿Cómo -oh cielos- hemos llegado hasta aquí?

Decía Felipe González, en 2011, en una ponencia en la Casa de América (Madrid) que se demostraba que las rentas inferiores a 10.000 dólares anuales no pedían derechos. Acuérdense de los informes de la OCDE que ya, desde finales de los 70, hablaban del aumento de la desigualdad no solo entre países, sino dentro de los propios países, y cómo todo aquello terminaría en totalitarismos y autoritarismos. Acuérdense de aquél Excel que se demostró erróneo, pero que se usó como excusa para los recortes. Acuérdense, porque la vuelta de la cosa fascista parece sinónimo de no acordarse de nada.

El desguace por etapas, sin prisa, pero sin pausa, del estado del bienestar, medioestar antes de pandemia, medionoestar, tras ella. La “libertad” de que los ricos no paguen impuestos, celebrada mientras vuelan los sombreros. Mueran los impuestos (de los ricos) y viva el desparpajo. Páguense los pobres los servicios básicos con su dinero. Con ese, con el que no tienen. Mueran los ancianos en las residencias si no tienen seguro privado que le ponga remedio. No hay para todos. No se puede. ¿Cómo habremos llegado a esto?

Qué mal lo está haciendo el gobierno. Subvención de veinte céntimos a la gasolina, bajada del IVA de la electricidad, ahora del gas. Ingreso mínimo vital. Cercanías gratis. Qué mal lo está haciendo. Es que así no vamos a ninguna parte. ¿Quieren recuperar patrimonio para que paguen los ricos? Qué mal lo están haciendo. El Falcon, nos arruina el Falcon. La culpa es de la inmigración “ilegal”, de la ideología LGTBI, y del comunismo.

Que los ricos no paguen, que el cercanías suba de precio, que la gasolina se regule por sí sola, y que quien se forra, se pueda forrar más con ello. Echar la culpa de todo a los inmigrantes pobres, que como no pueden defenderse, todo vale, y que los hombres vuelvan a ser cabestros. Que el movimiento LGTBI vuelva al fondo del armario, y que vuelvan a mandar los testículos de los más puteros. La sociedad como Dios manda, y el crecimiento perpetuo. Y si no se puede, algo inventarán, porque es echarle huevos. Las fotos a caballo, sacando pecho, y recuperar la gloria del imperio.

Es el fascismo. Lo tenemos delante de la nariz. Está aquí. Todos los días en sus pantallas. No hace falta irse a Italia, lo tienen ustedes en casa. El fascismo sabe de dinero; lo usa todos los días para comprarse noticieros.

Es el fracaso de la ciudadanía, el desmontar los mecanismos para poder ejercerla. La degradación de ciudadanos a súbditos que clamen por el amo que venga a salvarlos, el Moisés que los devuelva al mundo fantástico que habita en el fondo de sus imaginarios, donde no hay límite de velocidad ni para el coche, ni para el consumo, donde el crecimiento es infinito, la burocracia un fajo de billetes, y el cambio climático una invención de cuatro tarados. Todo falso, pero esencial para recuperar el feudalismo.

El S.XXI será el de las grandes crisis. Empezó con una crisis económica mundial, siguió una crisis sanitaria, una de suministros y materias primas. La crisis de la energía, y la crisis climática. Están todas aquí (y las que faltan) El fascismo, es síntoma, pero también ayuda, al entorno que lo causa. Ya está aquí, ha escapado del cementerio. Empieza, la noche de los fascistas vivientes.

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