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Los oscuros presagios del presidente Trump

martes 24 de enero de 2017, 12:07h

En su discurso de toma de posesión, Donald Trump se presentó no como un presidente más de los Estados Unidos, sino como el conductor de una ruptura histórica, un verdadero salvador de la patria. Un Cesar contemporáneo. Quizás por eso debiera seguir la vieja tradición de los emperadores romanos y, ante la enorme dimensión de la terea, estar muy atento a lo que insinúan los oráculos. Es muy posible que no tenga tiempo para ello, pero los datos empíricos comienzan a ser bastante indicativos.

Ya se sabe que un error muy común a la hora de hacer previsiones políticas consiste en dejarse llevar por las filias y las fobias de cada uno. Sin embargo, en el caso de Trump podría apostar mil dólares a que su presidencia no será exitosa. El atrevimiento de mi apuesta se apoya en que, más allá de lo mal que me cae el personaje, existen suficientes indicadores de partida que señalan ese presagio.

El primero de todos refiere a la distancia que existe entre su ambición de impacto político y las posibilidades reales de llevarlo a efecto. En eso comparte el riesgo que tomó su predecesor, Barack Obama. De hecho, Trump ha hecho la misma promesa que Obama, aunque en una dirección política contraria: ha afirmado que será capaz de superar la división del pueblo norteamericano en torno a su revolución conservadora. Ahora bien, si Obama ha fracasado en el intento de lograr la unión de la opinión publica en torno a sus políticas progresistas, Trump tiene muchas menos posibilidades de hacerlo en torno a su programa populista de derechas. Incluso si lograra ejecutar buena parte de sus polémicas propuestas, resulta posible vaticinar, sin temor al equivoco, que cuando termine la presidencia de Donald Trump la división entre opiniones conservadoras y progresistas será superlativa (a menos que haya conseguido poner en su contra a una vasta mayoría de la ciudadanía estadounidense).

Trump tiene razón cuando se pregunta acerca de las manifestaciones del fin de semana por qué esa gente no salió a votar el día de los comicios. Ciertamente, el menosprecio del valor de la elección democrática suele traer como consecuencia tener que lamentarse luego. Pero eso no disminuye el hecho de que la mitad progresista de la opinión pública norteamericana presenta una muy poderosa vanguardia que va a movilizarse en contra de la mayoría de las medidas que propone el nuevo presidente. Es decir, la previsión razonable es que el desgaste de su gestión gubernamental está garantizado.

De hecho, la medición del apoyo popular de partida muestra cifras considerablemente bajas: apenas un reducido 40% favorable, frente al 80% que tuvo Obama en su inicio o el 60% del propio Bush. Claro, entre los asesores del actual presidente se emite el discurso de que Trump va a seguir el proceso contrario que el de los anteriores presidentes: en vez de partir con un alto apoyo que luego se va reduciendo con el desgaste gubernamental, Trump comienza con bajo respaldo para luego irá ascendiendo con sus acciones de gobierno. Y como argumento ponen el ejemplo de lo sucedido en la campaña pasada, cuando el airado candidato ascendió contra todo pronóstico. Sin embargo, la comparación entre la dinámica de campaña y la del ejercicio de gobierno es poco consistente. Todo indica que Trump va comenzar a gastar pronto su débil apoyo de partida; esa es la previsión más razonable para el balance que se realizará a los primeros cien días de su gobierno.

Además, el nivel de contestación nacional se verá reforzado por el rechazo internacional. Las encuestas realizadas en torno a las expectativas creadas en diferentes países sobre la presidencia Trump en el mes de octubre pasado reflejan un promedio por debajo del 50%, si bien con pronunciadas diferencias entre países. El país donde la presunción de buen gobierno es más alta (bastante previsible), es Rusia, con un 76% de opiniones favorables y en el extremo opuesto se encuentra precisamente España, con sólo un 16% de opiniones a favor.

En suma, existe suficiente material empírico para poder apostar fuerte acerca de que Trump no logrará desarrollar una presidencia exitosa. Puede que la técnica proyectiva contemporánea no resulte mucho más certera que los oráculos del mundo clásico. Pero todo indica que los presagios de la presidencia Trump son inequívocamente oscuros. Lo que resulta más difícil saber es cuantos estragos causará su mandato en la sociedad estadounidense y la comunidad internacional.

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