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Valores

domingo 31 de mayo de 2020, 11:29h

Domingo, último Domingo del mes de Mayo

Termina una semana, un mes, iba a decir una fase... pero en Madrid continuamos en la Uno. Un mes lleno de cambios. En el que empezamos a escalar en la desescalada y en el que ya hemos salido a deshoras. Nos hemos encontrado con familiares, con amigos, hemos quedado. Nos hemos visto fuera de una pantalla y hasta hemos recorrido más de un kilómetro sin horarios. Termina este Mayo raro, diferente. Como lo está siendo este 2020. Sin duda, un año inolvidable.

Y ayer fue el día de las Fuerzas Armadas. Esas tan denostadas en muchas ocasiones, pero sin duda alguna, las que merecen todo nuestro agradecimiento, apoyo, respeto y admiración. Este año el COVID 19 se ha encargado de que no haya desfile. Ni tampoco ha habido celebración, porque estamos de luto.

En esta terrible pandemia, nuestras Fuerzas Armadas han demostrado una vez más su vocación de servicio, velando por nuestra seguridad y garantizando nuestras libertades. Hemos visto a militares llevando la compra a ancianos, desinfectando residencias, aportando toda su experiencia y recursos, tanto humanos como materiales, para montar hospitales de campaña y tanatorios improvisados en tiempo récord. Los hemos visto por nuestros pueblos y por nuestras ciudades. Han estado ayudando incluso donde no les querían. Profesionales unidos por un objetivo común y cuya única motivación es el servicio y el amor a España, independientemente del Gobierno de turno.

Tenemos tanto que aprender de nuestros Ejércitos... Sobre todo los valores. Ese espíritu de sacrificio, de servicio. El compañerismo, la ejemplaridad. El sentido del deber, la lealtad. El valor, la disciplina. La excelencia personal y profesional. El respeto, la solidaridad. El Honor.

Los valores son los que guían nuestra conducta, los que nos ayudan a establecer prioridades y tomar decisiones. En las últimas décadas hemos pasado varias crisis incluso de muchos tipos: sanitaria, social, económicas... Pero, sinceramente, tengo la sensación de que la mayor crisis que estamos atravesando y a la que menos importancia le damos, es precisamente la provocada por la pérdida de valores.

Vivimos en una sociedad individualista en la que no sabemos hacer autocrítica. En un momento de deslealtades, de deshonor, de mediocridad, de pérdida de libertades. De falta de respeto. De no asumir responsabilidades y de culpar al otro. De sólo exigir y tener derechos sin asumir obligaciones. De envidiar en lugar de admirar. De poner zancadillas en vez de arrimar el hombro. De hacer las cosas por salir del paso, con el mínimo esfuerzo. De competir pero sin afán de superación, simplemente por ganar al otro y si es posible humillarlo. De falta de compromiso y de palabra. De desconfianza y falta de honestidad.

Nos faltan referentes. Nos hemos olvidado de la relevancia de dar ejemplo. Del respeto a nuestros mayores. De la importancia de la familia como base de la sociedad. De escuchar. Estamos educando en un peligroso todo vale.

Un momento en el que priman los valores individuales, cada uno con su propia manera de pensar y de sentir y así es muy difícil coger el rumbo y orientarnos como sociedad.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que trajo la crisis sanitaria mundial jamás vivida. Enfermedad, muerte, incertidumbre... Y ese tiempo de desolación hizo que el mundo se parara. Y ese frenazo en seco también hizo que nos miráramos como sociedad. Y como si de un mantra se tratara, sólo nos repetían una y otra vez que esta pandemia sacaría “lo mejor de nosotros”, sin saber muy bien qué era lo mejor que teníamos. Pero justo en ese momento comenzamos a cambiar el yo por el nosotros. A darnos cuenta de que había muchas cosas que nos unían. A ayudar sin esperar nada a cambio. A admirar. A agradecer. A valorar. A reconocer. A poner en valor la familia. A respetar a nuestros mayores. A esforzarnos. A sacrificarnos por el bien común. A ser solidarios...

Y fue entonces, cuando entre tanta tragedia vimos que si queríamos salir y avanzar, no podíamos seguir viviendo en un vacío de valores. Y decidimos que si ahora los habíamos reencontrado ya no los podíamos ni queríamos volver a perder.

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