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De aquellos polvos...

lunes 27 de septiembre de 2021, 12:39h

Barcelona ha vivido este fin de semana un auténtico infierno en sus calles, tomadas por 40.000 jóvenes, bueno, el término no me parece adecuado, 40.000 mil vándalos que han hecho suya la frase de su alcaldesa “las calles son nuestras”.

Colau y los suyos, se han pasado décadas afirmando cosas como que “si hay que desobedecer las leyes, se desobedecen” o que “la propiedad es un robo”, incluso alentando “la okupación” desde el ayuntamiento con talleres que justifican ese “modo de vida alternativo”. Eso por no hablar de las acusaciones directas contra la Policía Nacional y la Guardia Civil de agresiones sexuales durante el referéndum ilegal del 1 de Octubre o de golpear ancianas cuando entraban en esos supuestos colegios electorales.

Como alcaldesa se negó a poner cámaras de seguridad teniendo que rectificar ante una ola de violencia que tenía a los vecinos atemorizados. Ha mirado para otro lado cuando en manifestaciones violentas se han quemado contenedores en su ciudad justificando lo injustificable, apoyando a terroristas, políticos fugados o a pseudoartistas condenados. Ha desautorizado a las Fuerzas de Seguridad y a los jueces convirtiendo a Barcelona en lo más parecido a una ciudad sin ley o al menos, sin orden.

Y ahora, cuando la situación se le va de las manos, cuando se ve entre una horda de salvajes que sólo saben de derechos y de derecho a todo. Que entienden la calle como suya para hacer de las suyas. Que no respetan la propiedad privada y se dedican a saquear tiendas y cualquier edificio que encuentran a su paso. Que no temen a la ley porque han crecido sin ella. Que destrozan todo lo que encuentran a su paso, desde mobiliario urbano hasta fuentes y árboles con una inusitada violencia. Ahora, es cuando le entra la preocupación, cuando pide un nuevo dispositivo policial, incapaz de asumir su responsabilidad por el descontrol. Ahora sí quiere a la policía, ahora sí quiere más recursos de Interior. Ahora “la okupación” de la vía publica es incívica y pasa a ser una “cuestión de orden público”.

No quiero ni pensar que esto hubiera ocurrido en Madrid, estaría copando horas de televisión y por supuesto, sería culpa de Ayuso y la libertad. Gobernar y educar en “el todo vale” conlleva estos peligros y sacar la pasta de dientes del tubo es fácil, pero otra cosa es volverla a meter…
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