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El reencuentro

lunes 29 de junio de 2020, 09:16h

Ya han pasado siete días desde que nos desconfinaron. Desde que salimos del Estado de Alarma, aunque seguimos o al menos deberíamos seguir alarmados. Alarmados por la amenaza constante de los rebrotes y alarmados por las imágenes que vemos de esa gente con la memoria muy corta, esos que no sé si se creen inmunes o son simplemente inconscientes... Llevamos una semana saliendo y entrando sin permiso, enmascarados, embadurnados de gel y distanciados pero al menos creyéndonos libres. Hemos pasado de estar atrapados en el tiempo a querer exprimir cada segundo.

Durante casi cien días, en este tiempo de COVID 19, he compartido un diario extraordinario. Experiencias, emociones, sentimientos, miedos, ilusiones, incertidumbres, esperanzas, fases, desfases, escaladas, desescaladas... Y hoy cobra sentido el haber estado más de tres meses separados y confinados. Porque he vivido uno de los momentos más intensos de mi vida y como no podía ser de otra manera, nacido desde la emoción. Hoy después de tres meses y 23 días de sentir que no estaba donde tenía que estar. Después de innumerables llamadas y videollamadas con un inevitable pellizco de culpa. Después de casi cuatro meses de sentir miedo, de extrañar, de necesitar, de anhelar, de ansiedad, de tristeza, de pedir cada noche que no faltara. Después de más de cien días de vacío y ausencia... Hoy ha llegado el reencuentro.

Hoy he vuelto a casa. A mi hogar, a ese hogar que hace que no pierdas la perspectiva y del que da igual los años que hace que saliste porque siempre será tu casa. He llamado al timbre y me ha abierto la puerta mi madre. Y confieso que he vivido una extraña sensación de no saber qué hacer. Venía mentalizada, “no puedes besarla ni abrazarla”. Pero ¡Qué difícil es! Y nosotras que somos tan de piel, tan de tocarnos. Tan de besar sin fin, con besos seguidos e interminables, con abrazos de más de dos minutos, de esos en los que nos sentimos el corazón... Ahora dice el coronavirus que no podemos. Y sé que tiene que ser así pero... ¡Cómo no abrazas a tu madre!

Nerviosas. Entre risas y lágrimas. Entre el no me lo puedo creer pero es verdad. Entre qué tal el viaje y te veo fenomenal. Entre ya ha pasado pero qué largo se ha hecho. Entre silencios y palabras aceleradas. Entre sentimientos y emociones. Hoy nos hemos reencontrado.

Después de que el coronavirus nos haya robado la Semana Santa, la quedada familiar, la escapada a la playa, los cumpleaños, el fin de semana, el viaje sorpresa para tan sólo ir a comer, el día de la madre... Ahora toca ponernos al día, sin darle vueltas a lo que no hemos vivido sino pensando en lo que nos queda por vivir. Y agradecidas por lo afortunadas que somos, porque muchos no han podido reencontrarse.

Y también ha habido reencuentro con los míos, con mis hermanos, mis sobrinos... Pura emoción. Viéndoles como si hubiese pasado una eternidad. Y si me paro a pensar, puede que hayamos pasado épocas en las que no nos hemos visto durante meses, pero nunca con este pellizco en el alma. Ese que nos provocaba el miedo de no volvernos a ver.

Y en nuestro reencuentro, todos hemos coincidido, ya no somos los mismos. Y no lo somos porque ya nada es igual. Somos conscientes de que ha comenzado una nueva realidad. Que vivimos en un nuevo tiempo. El de las personas. El de las emociones. El de los sentimientos. El de los momentos. El de darle importancia a lo que realmente importa. En el de no dejar para mañana. En el de valorar. En el de agradecer. En el de vivir sin prisa. En el de que lo único cierto es que todo es incierto.

En el que a veces las despedidas no siempre traen reencuentros.

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