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¡Va por usted! Federico Sánchez Aguilar

viernes 26 de marzo de 2021, 09:25h

Puede que a algunos de ustedes les suene el nombre y no sepan quién es, puede que a otros ni siquiera les suene el nombre y seguramente a otros muchos no sólo les suena sino que además le ponen voz y cara. Incluso me atrevo a decir, que todos los que están leyendo esta columna acabarán poniendo su nombre en un buscador y harán muy bien porque descubrirán la biografía de un hombre con una apasionante trayectoria que empezó, siendo aún estudiante, en su querida y añorada Radio Juventud de España y lo fue todo en los medios de comunicación.

Aún me cuesta hablar en pasado, porque Federico Sánchez Aguilar era de esas personas que creías que era inmortal. Su pasión, su vitalidad, sus ganas, su energía, su fuerza, su seguridad, su alegría, su corazón, su cabeza ágil y privilegiada, te hacían pensar que nunca se iba a ir. Pero alguien por ahí arriba ha debido pensar que el cielo sería un sitio mejor con él y se lo ha llevado dejándonos aquí abajo un sitio peor.

Era un hombre elegante, culto, brillante, generoso, ingenioso, divertido, admirado y admirable. Profundo conocedor y defensor del mundo taurino, de la cultura e historia de España y de Hispanoamérica donde también fue muy reconocido y premiado. Un apasionado y erudito de la Zarzuela y con una trayectoria profesional llena de innumerables logros en muchos ámbitos y en todos los medios, hasta sus últimos días que seguía enganchado a los encantos de su AMOR: La radio.

Presidente de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de España, creó los Micrófonos de Oro y le dio el impuso definitivo a las Antenas de Plata y las Antenas de Oro, unos de los galardones más prestigiosos del sector porque como a él le gustaba decir son “otorgados por profesionales a otros profesionales".

Su trayectoria profesional y vital, sus premios, sus reconocimientos, sus condecoraciones a este lado y al otro del Atlántico incluso en otros países son innumerables, pero, sin duda, lo mejor de Federico era él.

Le encantaba decir de sí mismo que era un “clásico” y sobre todo presumía de castizo y español. Esa españolidad que ahora nos acompleja es de la que él presumía. De nuestras costumbres, de nuestros valores, del orden, de los principios, de las cosas bien hechas, de lo que durante tanto tiempo nos ha hecho diferentes... de lo nuestro. Y no puedo olvidarme de Mari Carmen, su mujer, quien le cuidó y le quiso desde que era casi una niña. Y le amó como se ama de verdad, con inmensa generosidad, le amó a él siendo él.

No me sale decir adiós porque aún no me creo que nunca más le vaya a ver. No puedo hablar de despedida porque sería renunciar a volveremos a encontrar. No puedo pensar que se ha ido porque eso significaría que lo voy olvidar. Hoy me agarro a su recuerdo y a su intensa manera de abrazar. Hoy le lloro con emoción pero enormemente agradecida por la inmensa fortuna de haberle admirado, querido y conocido. ¡Hasta siempre Presidente!

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