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Asuntos sin resolver

viernes 14 de octubre de 2016, 08:29h

Vivimos en un país de locos que esconde sus gravísimos problemas en el cajón de los asuntos sin resolver. La educación de nuestros jóvenes es uno de ellos. Aquí se ha llegado a proponer que se supriman los deberes escolares. Las organizaciones proponentes de tal desatino, sin ruborizarse lo más mínimo, han insinuado una huelga del alumnado sometido a esa disciplina tradicional. En una nación como la nuestra, que registra los niveles formativos más bajos de Europa y aparca en la nada a colectivos estudiantiles que no terminan los estudios secundarios, en esa coyuntura tan comprometida y desalentadora, no se les ocurre otra cosa que despojar a los maestros de una herramienta complementaria tan fundamental.

Bastante tienen los profesores, pienso yo, con administrar los recursos recortados que se ponen a su disposición, con adaptarse a las distintas reformas ideológicas que se van sucediendo según gobierne la izquierda o la derecha y con sobrevivir a la interinidad profesional que padecen. Además de convivir con las dificultades descritas, que debilitan los pilares del sistema educativo, nuestros educadores enseñan en aulas abarrotadas sin compañeros de apoyo, gobiernan la disparidad cultural de los colegiales, deben imponerse al desorden incívico de ciertos ejemplares indeseables, soportar la desautorización permanente de algunos padres y mantenerse al día sin la ayuda de cursos reglamentados de reciclaje laboral.

Los resultados de tanta desidia gubernamental saltan a la vista. Muchos adolescentes, demasiados desgraciadamente, que van aprobando por los pelos los diferentes periodos lectivos, cursan el Bachillerato sin la preparación que necesitan para terminarlo. Presentan enormes lagunas en matemáticas, comprensión de textos, análisis de contenidos y conocimientos básicos de literatura e historia. Son carne de cañón. Terminarán por incorporarse a esa generación fallida que ni estudia ni trabaja. Así las cosas, me parece temerario reducir o eliminar el horario doméstico que los críos dedican a las tareas que se traen del colegio. ¿Acaso se piensa que tal medida incrementará la concertación familiar de los padres con sus hijos? A los que así opinan les recuerdo algo muy importante: nuestros pequeños dedican gran parte de su tiempo libre a navegar por las redes y a los juegos de ordenador. Se pasan muchas horas pegados a sus videoconsolas, a las tabletas electrónicas y a sus móviles inteligentes.

Según las últimas estadísticas europeas, la muchachada española bate todas las marcas de dedicación a las nuevas tecnologías virtuales. En las circunstancias actuales, ¿alguien se puede creer que los padres sustituirán los deberes escolares por actividades culturales, sociales, deportivas o familiares? En España tenemos por costumbre comenzar la casa por el tejado y la propuesta que les comento es una prueba de ello. Necesitamos una reforma radical de las leyes educativas que imite las fórmulas más exitosas de nuestro entorno geográfico, que se acuerde globalmente con todos los estamentos afectados, que se prolongue en el tiempo y que ataje las carencias educativas que arrastra la sociedad española.

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