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El cefalópodo

sábado 06 de junio de 2020, 10:45h

A un cefalópodo le salen los pies de la cabeza. Así que, vaya donde vaya, va de cabeza, sin remedio.

En castellano, se dice que alguien anda de cabeza cuando se le acumulan demasiados asuntos que urgen soluciones inmediatas, sin darle tiempo a analizar la situación, ponderar la eficacia de las opciones posibles y calibrar las consecuencias y repercusiones de cada una.

Cuando el atosigo de las demandas no permite pensar, sólo cabe improvisar precipitadamente; huir hacia atrás, a impulsos de la corazonada, que es como la inversa de la propulsión a chorro con que andan los nautilos, un tipo de cefalópodo, que hoy está considerado fósil.

La propensión de ir hacia atrás, tan regresiva y primitiva, se produce porque el cortex cerebral no funciona y no es posible el pensamiento lógico-abstracto. El estrés, a base de secretar dopamina, nos retrotrae a una fisiología atávica: las decisiones emergen bien del mesocortex, la intuición, las emociones y el pensamiento analógico, bien del cerebro reptil, mero instinto animal.

El nautilo, por cierto, no tiene cornea ni cristalino; ve poco, claro; en cambio, cuenta con 38 tentáculos, que no son pocos dado que el organismo no pasa de 20 centímetros y carece de ventosas. Por si no fuera bastante, el nautilo tiene concha, pero vive fuera de ella, coram populo, que dijera el clásico.

Hasta aquí la metáfora, que si me descuido, el artículo se me va a la Zoología y tampoco soy veterinario.

Sin duda, el lector ya habrá concluido que estoy pensando en el Gobierno de España, como enfáticamente dice el Presidente, creando una pseudología con tan pomposa titulación, que luego funciona a propulsión a chorro retráctil.

Vaya por adelantado que mi reflexión no es ideológica. No postulo tal o cual ideología como mejor o peor que cualquier otra. Todas las ideologías me parecen falsarias, porque tienden a ser soteriológicas; pretenden salvar, traer un bienestar utópico, dando saltos en el vacío, bien con métodos revolucionarios, bien exaltando valores que no son universales y excluyen a sectores de la sociedad amplios y frágiles. La sociedad de Luis XVI y María Antonieta era un desastre, a fuer de injusta; las de Termidor y los soviets fueron igualmente funestas, a fuer de ilusas y crueles.

Gobernar, apresuradamente, en el corto plazo, es crear realidad, adelantándose a los acontecimientos, hacer supuestos sobre el porvenir para fijar objetivos, establecer criterios de acción, evaluar el proceso de forma continua e introducir correcciones, si las decisiones no son eficaces. Esto es lo que ha hecho y hace la Sra. Merkel, que empezó a gestionar la pandemia el 6 de enero, dos meses antes de llegar, y ahora está bajando impuestos para reconstruir el tejido industrial, no vaya a llegar un espasmo social. Esta señora crea la realidad, no espera que los hechos la sorprendan.

Gobernar, con tranquilidad, a largo plazo, es una pedagogía, una alquimia transformadora, que hace evolucionar a los gobernados, cambia sus usos, su estilo de vida y su ambición de desarrollo, porque copera en la creación de valores, no ideológicos, evidentemente, sino funcionales en sentido nietzschiano, o estratificados en el sentido de Scheler.

En nuestro ámbito nacional, nada de esto es observable, ni a largo, ni a corto plazo. El torbellino de los sucesos sobrevino cuando soñábamos con las musarañas y cantábamos como las cigarras. Como el nautilo ve poco, no quisimos ver la que nos venía encima, todo se precipitó y arrambló la pedagogía, por supuesto. Y aún es más dolorosa la falta de eficacia.

Antes he dicho que, al no funcionar el cortex cerebral, la regresión es fulminante: huimos hacia atrás, hacia planos arcaicos. Por ejemplo, el New York Times ya no da crédito a ninguna cifra sobre muertos y contagiados que suministre el Gobierno de España. Es todo un índice del grado de confianza y credibilidad obtenido por nuestras autoridades. A continuación, salen el ministro ex – cosmonauta y el Dr. Simón diciendo que tal vez hayan muerto 43.000 personas más de las registradas otros años, durante el mismo periodo de tiempo; pero, que se han podido morir de cualquier otra cosa. Esto es lo mismo que hace un niño de cuatro años, que acaba de romper la lámpara y dice que se ha caído sola. Pura narración analógica, con tal de no hacerse responsable.

El Gobierno de España tampoco miente, porque para mentir hace falta conciencia moral y estar dispuesto a respetar la verdad como valor, platónico en este caso. Sin embargo, el Gobierno de España inventa según le conviene. De esa forma, flota. El nautilo, como no tiene ventosas, no puede estar estático, también flota dinámicamente y atrapa a sus presas secretando babas pegajosas. Es decir, el Gobierno de España inventa a placer, o bufa; pero, mentir, no miente.

La ministra de Turismo dice que abrirá las fronteras el 22 de junio, pero se desdice cuatro horas más tarde. Este baile de la yenka es casi un ritual, porque el pacto en pro de la reforma laboral irritó tanto a la Vicepresidenta tercera, que fue “matizado” también al poco rato, suscitando las iras del Vicepresidente segundo, que se exaltó en latín. Quizá el nautilo tiene demasiados tentáculos, para ser un simple invertebrado.

El embrollo (en Sudamérica lo llaman directamente “carajal”, de carajo) del ministerio de Interior no tiene parangón, a menos que nos remontemos al ministerio del doblemente socialista Ángel Galarza, creador de los guardias de asalto, que aquello sí era una policía patriotera, que amparaba los paseítos a Paracuellos y a las bardas de la Almudena. Pero aquello era otro galimatías.

Volviendo al de hoy, mejor callemos sobre el desbarajuste de Sanidad. Ya sabemos bastante, para nuestra desesperanza calamitosa.

Tampoco reparemos en las descargas del ministro de Consumo, que empezó a hacer pedagogía con su proletario viaje de novios al Pacífico, al que tenía pleno derecho. ¡Faltaría más!

Y no hagamos mención alguna del ministerio de Fomento (ahora tiene un nombre inacabable) que crea puestos de diseño para amigos del Presidente y acude a citas con dictadores, con nocturnidad, pero sin alevosía. Pasaba por allí…, y fue a recoger cuarenta maletas de origen venezolano, secreto contenido e incierto destino, no fueran a perderse por las cloacas. Al coronel responsable de las aduanas aquella noche, una vez demostrado su correoso amor a la Patria, lo han ascendido y mucho.

Y así.

El Gobierno de España tropieza a propulsión a chorros retráctil, se precipita sin pudor alguno y está desnortado coram populo. Cada uno que tome sus anotaciones, ya que no hay posibilidad de democracia participativa y queda menos para volver a votar.

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