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Perfidia progresiva

viernes 10 de julio de 2020, 10:34h

Corren tiempos de ingeniería social, donde convergen la sociología, la psicología social, las ideologías, el márquetin político y el narcisismo de ciertos líderes. La ingeniería tiene poderes creadores que pueden maravillarnos; se apoya en el saber científico, el que conoce las causas y puede variarlas, y obtiene resultados óptimos, en función del pragmatismo que la rige.

Los ingenieros, fieles a su misión, diseñan técnicas que hagan viable su proyecto innovador. Es el saber del algoritmo; y ahora, con los big data, el contubernio es informático. De allí nacen directrices contundentes sobre cómo dirigir la acción de los gobiernos, según sean los intereses que conciernen al líder y dicta la ideología; por ese orden.

El proletariado, era una realidad decimonónica donde cuajó la ideología del socialismo real. En Rusia, el fracaso estrepitoso de las reformas, de 1861, del Zar Alejandro II generó una inmensa masa de campesinos, el 80% del censo ruso, sin tierras, ni amos que pagaran sus salarios, gente hambrienta y sin futuro, que atentó con éxito contra su libertador y constituyó la base social del bolchevismo. En Europa, los abusos de la revolución industrial crearon las condiciones óptimas para que prendieran con fuerza las propuestas del Manifiesto Comunista del opulento Marx y el adinerado Engels.

Transcurrido más de un siglo, el liberalismo económico se ha civilizado. Los Papas hicieron un esfuerzo con encíclicas como la Rerum novarum y Quadragésimo anno, en el plano de la moralidad. Otra aportación notable es de economistas respetados como J.M. Keynes, que aportan ideas útiles para racionalizar oferta y demanda, reducir del paro, moderar al fisco y reinvertir plusvalías. El estruendoso desplome de las sociedades que ensayaron el socialismo real ha afianzado la consistencia de las sociedades de libre mercado, por supuesto. Pero, es obligado reconocer que al liberalismo lo ha entrado en vereda la acción sindical, el derecho de huelga y el arbitraje del Estado.

Con esa situación, el progreso de las sociedades de libre mercado es inequívoco: el proletariado ha desaparecido de ellas, o ha quedado reducido a bolsas de marginación políticamente inocuas. La totalidad de la sociedad dispone de servicios sanitarios, tiene acceso a la enseñanza, dispone de viviendas sociales y cuenta con otras ayudas asistenciales, para aquellos casos cuyo salario no alcance a cubrir las demandas familiares.

En consecuencia, las ideologías que propiciaban el socialismo real se han quedado hueras, suspendidas en el aire, sin argumentos justificativos que acrediten un planteamiento revolucionario para levantar a las masas.

Por tanto, se ven obligadas a crear su proletariado, un proletariado posmoderno que, por principio, aborrezca el trabajo y transfiera al Estado la responsabilidad de cubrir sus necesidades, propias de la sociedad neoliberal a la que pertenece. Es una masa ingente, estabulada en el subsidio estatal, de amplio espectro, que va desde ciertos segmentos de clase media alta, como algunos artistas, ciertos periodistas e intelectuales, hasta las capas más lacerantes por su miseria y desesperanza, condenadas a la marginación y a otras dependencias autolíticas.

El proletariado posmoderno es creado, artificialmente, mediante instrumentos de ingeniería social. Por ejemplo, si creamos una renta mínima vital suficientemente poderosa, podemos conseguir que un contingente de personas desista de buscar empleo, o rechace las ofertas que encuentre, acomodándose en la indolencia. Otro agregado puede venir de los subsidios de integración, para emigrantes sin voluntad de retorno a sus países de origen, que pueden empadronarse y pedir la reintegración familiar. Las ayudas a la reinserción de ex presidiarios (el 30% de los 59.000 reclusos son emigrantes), no rehabilitados verdaderamente, puede sumar otro cúmulo de población. Los mil subsidios de mayores de 52 años, mayores de 45 años, la RAI y el SED, el PER, el subsidio por hijos, etc., etc., anclan a muchos en el dolce far niente y engrosan la legión de dependientes.

La fuente más caudalosa de proletarios posmodernos la constituyen millones de pensionistas con rentas mínimas, ya sin arrestos para iniciativas laborales, mendigando suplicantes la solidaridad del Estado y temerosos de su bancarrota, que resultaría calamitosa para su supervivencia.

También es multitudinaria la masa de pseudofuncionarios, instalados en la generosidad del Estado, bien como asesores, bien como titulares de empresas públicas injustificadas, que solapan sus funciones con las de funcionarios reales de carrera. Esta muchedumbre de proletarios posmodernos forma parte, a su vez, de la maquinaria de ingeniería social: lo que hacen debieran hacerlo otros, que ganaron su puesto mediante oposición, que los suplantadores no se atrevieron a firmar. Por otra parte, son trabajos que tampoco son productivos, es burocracia, muchas veces inútil y otras engañosa, supeditada a la ideología que obedecen, que para eso los ha colocado donde están.

El gran Leviatán del Estado es un ingente castillo de naipes, dispuesto a deber el 113% del PIB. Como quiera que no genera, ni alienta la construcción de tejido productivo, puede conseguir un 20% de parados. Otrosí, siembra expectativas que no puede satisfacer, o cumple a destiempo, generando frustraciones y malestar (ERTES sin pagar, subvenciones prometidas que no llegan, compras fallidas de material). Pese a su tamaño mastodóntico, el Estado ni siquiera es capaz de cumplir con su razón de ser, como ha demostrado con las imprevisiones, mentiras e incompetencia con que ha gestionado la pandemia, con centralismo prepotente o Autonomía dilusivas.

Este panorama de ingeniería no es malo, aunque parezca perverso. Cuanto mayor sea la calamidad, más se afianzará la dependencia del proletariado artificial, construido ex profeso y mayor será la brecha social entre la sociedad subvencionada y la sociedad productora, cuyo trabajo se confisca vía impuestos. Como en Europa no están dispuestos a que ocurra lo mismo, se han curado en salud en el asunto de N, Calviño.

No obstante, esa bipolaridad esquizoide es la razón por la cual, en la fiscalidad, el Gobierno Sánchez-Iglesias va en dirección contraria de Alemania, Italia, Francia, Austria, Grecia, Portugal. Y todos los países del Norte europeo. Mientras ellos bajan impuestos para estimular el consumo y alentar la economía (Keynes), el Jano bifronte que nos gobierna pretende aumentarlos, consciente de sus efectos nocivos.

Por último, hace unos días, en declaraciones a un periódico italiano, el inefable Presidente se reveló como el gran líder del No es no, sólo con relación al Partido Popular; porque sí está dispuesto a pactar con Ciudadanos. Dar árnica a este último partido, no lo va a resucitar. Es la enésima operación de centro político que fracasa (UCD, Centro Democrático y Social de Suárez, Izquierda Democrática de Ruíz Jiménez, Partido Liberal de los Garrigues, PSP de Tierno, Partido Reformista de Roca, UPyD de Rosa Díez); pero, puede ser útil para restar votos al PP…La ingeniería social conoce el valor de dividir al electorado, con la nefasta Ley Electoral que sufrimos.

En resumen, a mi juicio, hay montada una operación de gran calado, pérfida en ascenso, porque es destructora, canalla, porque se soporta en un sistema de engaños y trampantojos, y dispuesta a provocar un cataclismo que haga estallar todo el edificio de 1978, que ha venido funcionando bien, sin ser perfecto.

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