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Caricaturas

El tratamiento que la mayor parte de los medios informativos europeos están dando a las primeras semanas presidenciales de Donald Trump es más propio de caricaturistas que de analistas políticos. Cabeceras de página de diarios serios son capaces de titular: “El médico de Donald Trump desvela que el presidente toma crecepelo”. Algunos también apuntan con ligereza hacia Theresa May por ser responsable del proceso de desconexión del Brexit. Es como si la reconsideración de las políticas exteriores de dos naciones soberanas les hubiesen pisado los callos. No parecen comprender que, con acierto o error, estamos ante un golpe de timón que sentían necesario grandes mayorías en países importantes para la marcha de la economía y la defensa del mundo euroatlántico. En este trance no es lo mismo contar con Rusia que contra Rusia pero, quizá, tiene más lógica, para la seguridad y los intereses del mundo actual, saber que lo que tenemos enfrente es el extremismo musulmán y la expansión de la economía antisocial china.

Frente a las caricaturas excesivas, los políticos europeos de altura dan la impresión de ser conscientes de que los cambios de orientación de dos influyentes potencias del sistema atlántico, del que forma parte estratégicamente destacada España, es un asunto que habrá que concordar entre todos con pragmatismo y desentendiéndose de quienes confunden la prensa política con la prensa de humor. A estos humoristas hay que hacerles notar que ni Trump ni May son caprichos personales sino consecuencias de importantes cambios de opinión en el electorado de países de gran nivel democrático y que asociarlos o asemejarlos con los ridículos populismos que bullen, hasta ahora como crecientes minorías, en el seno de algunas naciones europeas, entre ellas la nuestra, es tener muy mal graduadas las gafas.

La importancia de las relaciones exteriores de España con los Estados Unidos y con Gran Bretaña constituye un eje geopolítico y económico superior a circunstancias coyunturales y oscilaciones de la opinión pública temporales. Las relaciones estratégicas de España y Estados Unidos datan de los años cincuenta del pasado siglo y cualquier circunstancia que las ponga en cuestión, porque no les cae simpático Trump, sería como si en otros tiempos Estados Unidos se desinteresase estratégicamente de España porque no les caía bien Franco. Son relaciones bilaterales, anteriores a los insuficientes instrumentos de defensa europeos de hoy, inclusive establecidos con independencia de las estructuras integradas de la OTAN. Por ello, la diplomacia española debe partir, como la de otras potencias europeas sólidas, desde la perspectiva de la defensa común y de las relaciones económicas y no dejarse llevar por ridículas pretensiones de intromisión en las orientaciones de la política interior de otros países aliados. Esta visión pragmática parece haber sido la tónica predominante en la reciente cumbre de Malta, al menos en el lenguaje de los políticos de las grandes naciones con compromisos de estabilidad y personalidad política históricamente definida, como Alemania y España. Un Brexit rápido y de buena fe. Una comprensión de los compromisos internos asumidos por Trump ante el desasosiego interior detectado en su país. Unas relaciones bilaterales que deben permanecer incólumes en medio de los cambios previsibles, sin renunciar al camino de integración europea. Una estabilización en Libia para poner freno a la inmigración desordenada. Una alianza de todos contra el terrorismo yihadista y su Estado Islámico. Estos son los puntos de coincidencia a mantener superando las caricaturas a cargo de los inquisidores de lo “políticamente correcto”. El mundo se enfrenta a desafíos demasiado graves como para perder el tiempo caricaturizando los reajustes de una política internacional que estaba muy necesitada de revisión. El declive interior y exterior de la potencia hegemónica era un mal camino para el futuro del mundo democrático. No están los tiempos para escandalizarse porque chirríen los frenos y emitan algún ruido desagradable. Para seguir avanzando con seguridad también es necesario comprobar que funcionan los frenos.

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