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Congreso o cangrejo

martes 30 de mayo de 2017, 10:56h

Han pasado los suficientes días desde que 74.000 militantes del PSOE ejercieron su derecho a reelegir en votación directa a su secretario general. Fue tan democrático como si las beatas eligiesen a su párroco, los soldados a su capitán o los futbolistas a su entrenador. Nadie quiere ponerlo en duda, pero no parece el sistema más fiable para lograr grandes éxitos.

Se comprende que los 74.000 militantes que dieron su victoria casera a Pedro Sánchez no tuviesen en cuenta la opinión de quienes no votamos ni pensamos votar al PSOE. No es tan comprensible que no tuviesen en cuenta la opinión de esa centralidad amplia que puede oscilar entre votar a un PSOE templado o deslizarse hacia un centro-derecha. Mucho menos comprensible es que no tuvieran en cuenta el criterio de los millones de votantes que consideran compatible su izquierdismo con un concepto claro del bien común que significa la estabilidad cuando las cifras electorales solo permiten una mayoría relativa de gobierno. Los 74.000 militantes han reaccionado en favor de la terquedad del anteriormente defenestrado Pedro Sánchez considerándolo víctima injusta de los poderosos de su propio partido y campeón de un intransigente no a Rajoy como hipótesis sin la menor posibilidad de éxito a plazo medio

No extrañó que los nerviosos informadores de Ferraz se equivocaran al colgar en sus redes sociales una carta de agradecimiento de Sánchez a los 74.000 militantes que lo habían rescatado y cuya carta era la misma de hace tres años, cuando Sánchez ganó sus primeras primarias. La carta era válida de principio a fin, pues nada había cambiado ni en la mentalidad de Sánchez ni en la de sus devotos. Para ellos no parece pasar el tiempo. Caminan hacia atrás, como los cangrejos. Pero el tiempo adelanta en otro sentido de forma que ya nada es lo mismo que fue.

El Rajoy que necesitaba la abstención del PSOE para investirse ya no necesita la abstención de nadie para aprobar sus Presupuestos con Ciudadanos, PNV, Coalición Canaria y Unión Canaria. Las tropas de Podemos tienen libre la pista para su circo, con un secretario general del primer partido de la oposición sin escaño y un grupo parlamentario socialista de perfil bajo y dividido. Los socialismos europeos viven sus peores momentos desde el fin de la II Guerra Mundial. Pero la economía española marcha en ascenso. El delirio de los independentistas en Cataluña ha llegado a un grado en el que ya no significa nada aquellas referencias al federalismo o a las naciones culturales con que Sánchez ha tratado de dar ambigüedad al proceso. La ineludible lealtad exigible a todas las formaciones políticas constitucionalmente decentes no deja margen alguno de maniobra para un socialismo digno de titularse español. Afortunadamente así parece haberlo entendido Sánchez y no hay que regatearle la nota positiva en este asunto por el momento.

En estas circunstancias, 74.000 militantes del PSOE no pueden poner en jaque a 45 millones de españoles por muy sanchistas que se sientan. Sánchez ha caído en su propia trampa al empeñarse en volver a empezar como si aquí no hubiese pasado nada. Solo le queda agitar esa indignación general por la corrupción que afecta tanto a su propio partido como al conjunto de la sociedad española. Pero en esa charca mal oliente también pasa el tiempo. Ya no estamos en los meses en que un día sí y otro también afloraban nuevas sospechas sino en aquellos en que la lentitud judicial va decantando las causas y los acusados van pasando por los banquillos. Lo que haya que ser sentenciado lo será y el mundo seguirá andando, dejando atrás un rastro de basura y docenas de políticos desahuciados. Pero eso no basta para alimentar un regreso triunfal. La conspiración independentista de unos partidos en Cataluña ha traspasado la frontera de la democracia e intenta romper de golpe la estructura del Estado de derecho. El antaño predicador de federalismos y plurinacionalismos no puede ofrecer otra cosa que no suene a traición y felonía que su apoyo al gobierno sin otros matices.

El PSOE se enfrentará dentro de unos días a su 39 Congreso Federal, impulsado por una marea asamblearia que recuerda más a las revueltas mareas de Podemos que al empuje de una alternativa de gobierno de nivel europeo. Quienes han devuelto a Sánchez la Secretaría General deberían percatarse de que a España le ha ido mejor desde que se libró de su “no es no”. El común de los españoles ha mejorado aunque los militantes no quieran verlo. Por ello el común no está por la marcha atrás. Pero la marcha atrás en la Secretaría General puede multiplicarse en las federaciones territoriales. El desfase del socialismo puede retroceder hasta antes de Rodríguez Zapatero, hasta antes de Felipe González, y regresar a la inoperancia anterior a Suresnes, republicana, guerracivilista y subordinada a un izquierdismo de rebotica. Es muy difícil corregir la marcha atrás de un cangrejo cuando se le ha apoyado a dar el primer paso atrás, Pero no es absolutamente imposible. Aún queda una mínima dosis de esperanza flotando en las aguas turbulentas de un socialismo aún español, prendido en un gesto oportuno de Pedro Sánchez.

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