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El tiempo que viene

miércoles 15 de julio de 2020, 11:46h

El éxito de Feijóo reside en que no perdió el tiempo en combatir contra señuelos del enemigo. Lo contrario a como, según las crónicas, le ocurrió a la aviación alemana en el norte de África con los falsos objetivos que construía un ilusionista inglés llamado Maskelyne con cartón y madera. El Partido Popular gallego no se entretuvo en criticar los plagios de Sánchez, las tarjetas de Iglesias, las veleidades de Arrimadas y las intemperancias de Abascal. Tampoco se dedicó a discutir prematuramente sobre temas constitucionales que no tenían encaje en el espacio autonómico. Ofreció estabilidad, experiencia, moderación y afrontar lo mejor posible las consecuencias de la pandemia y de la crisis económica que amenaza a la población. Lo propio de un Gobierno sensato frente a los temibles dislates de una oposición compuesta por una hipotética coalición de minorías heterogéneas.

El Partido Nacionalista Vasco aparenta una oferta parecida pero evidentemente precaria por lo que no podía soñar en mayorías absolutas. No forma parte de una tendencia nacional sino que se ve obligado a regatear con un partido gobernante tan minoritario como él mismo, con el que no comparte afinidad ideológica y que va dando síntomas de indisimulable decadencia. Peor le ha ido al PP en el País Vasco, pero esto era consabido. Lo espectacular ha sido el descalabro de Podemos en ambas autonomías. Mortal en Galicia y de pronóstico gravísimo en Euskadi.

Ambos resultados no pueden interpretarse proporcionalmente a nivel nacional porque los paisajes gallego y vasco carecen de correlato tanto en el plano político como en el pictórico. Pero es posible deducir una reflexión general. No se puede ir al combate político como a una guerra embistiendo contra objetivos dispersos y engañosos agitados por el adversario como capotes de toreo. No se puede ir a la guerra como dice la canción que fue Mambrú, montado en una perra. Con perspectivas como la de obtener un solo diputado no se puede emprender una cruzada para salvar la Constitución sino un humilde camino para estudiar con quien hay que asociarse para ayudar en el intento o cuando menos no perjudicarlo.

Existen críticas en los tratados de estrategia contra los ejércitos que se desgastan luchando contra objetivos sobrepasados y se dejan sorprender o desconcertar con nuevas amenazas que aparecen sin previo aviso. La pandemia, por ejemplo, no estaba en las previsiones de hace pocos meses, cuando las elecciones vascas y gallegas ya estaban programadas tozudamente. Galicia ha tenido la fortuna de que su presidente-candidato tenía antecedentes prestigiosos en temas de sanidad, lo que no le sucedía a Urkullu. La suerte ayuda a los audaces, dice el lema latino. A Feijóo le ha ayudado porque se atrevió, desde el principio, a jugar a todo o el caos, a la mayoría absoluta o Frankenstein.

Las próximas elecciones nacionales no enseñarán sus cartas de navegación hasta después de las próximas elecciones catalanas. Desde entonces todos los alardes comenzarán sus despliegues. Hay que suponer y desear que el tema del Coronavid pertenezca al pasado. Pero tampoco bastará con que el PP vuelva a repetir el esquema de Aznar frente a Zapatero o se limite a ofrecer parches para paliar la repercusión de una crisis económica. Habrá novedades tanto en el ámbito de la política general como en la economía. No solo el cierre de varias empresas y la disminución del consumo con incrementos de desempleo y gasto público. Esto será la difícil administración de una mala herencia. Pero habrá un día después en que no se hablará exclusivamente de recuperación o de agitación social sino de nuevas ilusiones. El futuro no consistirá solo en cicatrizar las heridas de un hoy que será ayer sino en presentar un programa de futuro. Prepararse para el tiempo que viene no consistirá en pedir cuentas de un pasado sombrío sino en abrir las ventanas a las luces del tiempo que viene. Un tiempo en que las minorías oportunistas surgidas en torno a la confusión decaerán por su relativismo estéril y recobrarán su fuerza las ofertas de gobierno capaces de concentrar una opinión popular decisiva que seguirán siendo PSOE y PP.

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