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Mayo florido

martes 18 de mayo de 2021, 09:46h

Este mayo han florecido votos por todos los barrios madrileños y por todos los pueblos de la provincia para demostrar que el sanchismo no es irreversible y que hay un cambio de ciclo. El aroma se extiende por otros lugares de España hasta el extremo de que cualquier proceso electoral es temible y temido desde la Moncloa, aunque sea una confrontación interna en Andalucía. Es duro tragar para un presidente presuntuoso que el partido que gobierna España es el tercero de los cinco que componen la Asamblea de Madrid y que su antiguo socio de coalición ostenta el farol de cola, tras cortarse la coleta. Es que los viejos camaradas no se fían del sociosanchismo y las nuevas generaciones votan distinto que los progres de antaño.

Tampoco fue agradable para un presidente presuntuoso que el Tribunal Constitucional tumbase uno de sus excepcionales decretos con el que insertaba en la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia en el Congreso a quienes había designado como de urgente presencia: el aún entonces vicepresidente Pablo Iglesias, que le ha durado un parpadeo, y el actual Jefe de Gabinete de Presidencia al que el incisivo Alfonso Guerra llama un Tal Iván. La manía por el CNI propia del pequeño Nicolás. Menos agradable todavía es que Bruselas se dedique a condicionar las ayudas económicas para la esperada reactivación económica pidiendo consensos amplios que, también desde casa, reclama el Gobernador del Banco de España. ¿Pero qué consensos puede conseguir Sánchez que ha logrado que hasta la izquierda crezca en Más Madrid superando al PSOE, sin otro atractivo que ser una izquierda libre de pactos para su Gobierno?

Sánchez no sabe escuchar avisos artísticos, pero hay que cuidar los símbolos. No se puede presidir impunemente el Consejo de Ministros teniendo trágico el cuadro de Miquel Barceló con sus gatos esmirriados y famélicos paseando desesperados por el abandonado “Atelier aux sculptures”. Es lo que debiera advertirle su Tal Iván como consejero de comunicación y fallido miembro de la Comisión del CNI: hay que cambiar de cuadro para permanecer en la Moncloa. Un cuadro más optimista, aunque sea “facha”.

La antidiplomacia de doña Arancha

También este mes de mayo concluye el convenio de colaboración militar con Estados Unidos que incluye la utilización de posiciones en Rota y Morón y otros aspectos de cooperación en materia de defensa y en la OTAN. Está previsto que, si no se suscribe algo nuevo el actual se prolongará automáticamente otro año. Por tanto, el impasible Pedro Sánchez aún tiene tiempo para pensarlo mientras espera pacientemente que el presidente Biden se digne llamarlo por teléfono como a otros gobernantes menos comprometidos. También espera pacientemente que lo reciba el Rey de Marruecos como siempre hizo con anteriores presidentes españoles.

Es difícil saber a qué se dedica nuestra diplomacia, dirigida por esa, doña Arancha con cara de monja exclaustrada. Teniendo en cuenta que el eje estratégico de España pasa por el Estrecho de Gibraltar, donde existe un enclave económico y militar extraeuropeo, a partir del Brexit que no parece preocuparle salvo para darle facilidades, hay que deducir que esta señora González, como su presidente Sánchez deben tener una teoría misteriosa de las relaciones exteriores de España con los ojos puestos en China, Rusia o Venezuela. De momento ha conseguido irritar a Marruecos, Argel y el Frente Polisario de una sola atacada, que ya es difícil. Tres meses sin que Biden, amigo de España, lo llame. Ni el Papa Francisco se acuerda de visitarnos. El socialista Borrell, único alto dirigente español en el equipo de Bruselas parece un cero a la izquierda en el plano europeo y un militante jubilado en el partido de Sánchez. La irrelevancia del legado histórico español se agrava con la pasividad cultural de este Gobierno y con su indolencia también desampara la expansión de nuestras empresas de proyección iberoamericana. Nuestra política exterior nunca estuvo peor dirigida que por esta doña Arancha González rescatada por Pedro Sánchez de alguna covachuela de Naciones Unidas, la que se atreve a culpar a Isabel Díaz Ayuso, votada por una mayoría abrumadora de madrileños de que el gobierno británico ponga restricciones al turismo en España. ¡La responsable de Asuntos Exteriores criticando a Interior de su propio país!

La placa de Waterloo

Un reino es el cultivo de valores que integran y no de venenos que separan. La Corona es un círculo integrador. Es difícil hacérselo entender a los independentistas catalanes a pesar de que su tierra haya estado siempre integrada en la Corona de Aragón o en la Corona de España salvo cuando, fugaz y penosamente, la integraron en la Corona de Francia. Pere Aragonés y Jordi Sánchez llegaron a un acuerdo para que gobierne el primero, movidos por el pánico a que su discrepancia llevase a unas nuevas elecciones que reflejasen como el separatismo cultivado por todos los medios y presiones, es una aspiración minoritaria.

Tendrán que unirse todas las otras discrepancias y no solo Junts y Esquerra para que el acuerdo a dos pueda ser operativo. Según sus propias fuentes solo un 42% de la población respalda al secesionismo y la mayoría lo rechaza. Con esta hipótesis necesita aferrarse a los resultados de unas elecciones realizadas en tiempos de pandemia en las que se abstuvo casi el 50% del censo, lo que supone que apenas un 30% votó a las cuatro contradictorias opciones separatistas de ideologías incompatibles entre sí.

No se sabe quiénes tuvieron la traumática idea de retirar la placa del Consell per la República de Catalunya del chalé donde reside Puigdemont en Waterloo. Se diría que fueron premonitorios del acuerdo entre Aragonés y Sánchez que se liberan de su tutela para no perder la Generalitat. Más vale pájaro en mano que una República volando. Aragonés y Sánchez dos apellidos simbólicos de la genealogía Real de la identidad catalana. Hijos de Sancho y de Aragón, como una península entera, que se entienden “sin tutelas ni tutía” para salvar los muebles del “Palau”. También habrá perdido su placa el Sánchez ensimismado de la Moncloa, promotor del efecto Illa.

Como en Murcia, en Castilla León o en Madrid, la estrategia maquiavélica de Iván Redondo ha sido un fiasco. Ni un ministro de Sanidad en Barcelona ni un vicepresidente del Gobierno en Madrid han servido para ralentizar el descalabro de las apuestas oficialistas en esta movida primavera. La Legislatura no da más de sí. No existen vacunas contra la mala política.
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