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Pedro El Increíble

martes 27 de junio de 2017, 12:46h

La otra semana pasó por Madrid el comisario europeo Pierre Moscovici, socialista francés, para recomendar a los socialistas españoles que había que hacer creíble al socialismo. La regañina iba destinada directamente a Pedro Sánchez, merecedor del apodo de “el Increíble” por las veleidades a que somete a sus correligionarios en su afán por mostrarse más izquierdista que Pablo Iglesias como procedimiento para recuperar los votos presuntamente perdidos en beneficio de aquel notable demagogo. En la fallida moción de censura de Pablo Iglesias a Rajoy el increíble Pedro dispuso abstención, ya que no quería, por muy de izquierdas que se sintiese, beneficiar la apariencia de su rival con los votos de su partido, que no hubiesen servido para nada pero que quizá hubiesen caído mejor que lavarse las manos ante esa disputada clientela por la que lucha.

En la votación del Tratado de Libre Comercio entre la UE y Canadá vuelve a lucirse, tras haberse pronunciado su partido favorable en comisión, luego claramente negativo en boca de su peculiar portavoz y, finalmente, para acabar en otra abstención que nada significa salvo la demostración de su incompetencia para tomar decisiones lógicas y merecedoras de la confianza del público. Su punto de mira deformado por el seguidismo a Iglesias le impide formar criterio propio sobre ningún asunto que no sea intentar mantener unos puntos por encima del otro, como un equipo de futbol colista en peligro de pasar a segunda división.

Rajoy puede sentirse seguro porque, mientras la oferta de ese izquierdismo que, según los comentaristas teóricos impregna a gran parte del electorado, se reduzca a dos competidores de la talla de Sánchez e Iglesias, no hay ninguna probabilidad de que sea desplazado del poder desde esas candidaturas tan poco vistosas. Son mucho más peligrosos los deseos de cambio dentro de casa que las amenazas de esa izquierda desnortada y desenganchada de la marcha política y económica de las naciones avanzadas del mundo libre.

De lo que tiene que desconfiar Rajoy en su relación con Pedro el Increíble es de la ambigüedad de este en el gran tema de la política española tras el verano que se va a escenificar en Cataluña. Suponer una lealtad responsable por parte de Pedro el Increíble es una apuesta arriesgada. Míster Abstención puede surgir de nuevo en cada capítulo del proceso. Una equidistancia entre el separatismo y la unidad nacional está ya anticipada por ese “plurinacionalismo sin fronteras” que es la singular doctrina que insinúa un veleidoso personaje que solo piensa en emerger a toda costa sin medir las consecuencias de su frivolidad. Llegado el caso se podrá compartir con él la fuerza de la razón pero no la razón de la fuerza. Las responsabilidades de Estado no son consustanciales a una personalidad que gira cada día como una veleta desconocedora de cuáles son los compromisos de una política de Estado sino mirando de reojo a lo que hará el artista de al lado. La política de desgaste del gobernante odiado y envidiado poniendo pegas de matiz sin desenmascararse del todo es la tentación preferida antes que colaborar con firmeza a la unidad de la patria común. Las piruetas en torno al acuerdo con Canadá (CETA) son síntomas del baile que es capaz de danzar Pedro el Increíble en Europa y en España.

Rajoy ha dicho: “Es bueno que tengamos una reunión, la tendremos cuando quiera el señor Sánchez”. Y se muestra tranquilo respecto a la defensa de la unidad de España y la soberanía nacional en tiempo de desafío secesionista. ¡Que se ande con cuidado! El polémico asunto del CETA es sólo un síntoma de las oscilaciones originadas por el afán de recuperar votos huidos hacia Podemos aunque sea a costa de incumplir la lealtad debida a los intereses de Estado. El PSOE en manos de Pedro el Increíble es una veleta loca. No se puede esperar mucho más que abstenciones con remilgos. Sánchez el plurinacionalista está predispuesto a lavarse las manos como Pilatos ante las turbas de “Podemos”. El Tribunal Constitucional, la Abogacía del Estado y las Fuerzas de Orden Público por suerte no dependen del visto bueno de Sánchez como su grupo parlamentario. Mejor es contar con las instituciones que con un partido desconcertado.

Lo que no es fácil de entender es la meta de esta obsesión por los votantes de la izquierda radicalizada. Porque, al final, si Pedro el Increíble consiguiese recuperar el ochenta por cien de los electores de Podemos, el total de votantes de izquierda seguiría siendo el mismo distribuido de otra manera, pero también insuficiente para llevar al Increíble a la Moncloa. Solamente conseguiría, en unas hipotéticas elecciones generales, volver a donde ya estuvo para repetir los mismos errores con parecidas piruetas.

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