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Santiago y cierra, España

viernes 26 de julio de 2019, 10:51h

La mañana del 25 de julio, festividad de Santiago, se escuchaba por algunas televisiones el himno del Apóstol protector de España que data del siglo VIII. A la mitad del día se abría la sesión de investidura de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados que solo podía triunfar si la tropa de “Podemos” se integraba en un Gobierno imposible apoyado además por los votos de todas las minorías desintegradoras del Estado. Como supondría cualquier observador de las tradiciones nacionales, la investidura resultó fallida.

Aunque es la segunda vez que Sánchez protagoniza una investidura fallida no es imposible que intente una tercera. Bien porque aproveche el plazo que se abre para renegociar con mejores mañas y encuentre sus socios preferentes escarmentados. O bien porque, como sería más previsible y razonable, vayamos a unas nuevas elecciones en Noviembre y el PSOE mantenga su candidatura a pesar de la acumulación de fracasos. Entre tanto, con más o menos suerte, España continuará tranquila y creciendo a la sombra de un Gobierno en funciones que por sus limitaciones no puede perjudicar a la economía del país ni intentar modificar sus leyes orgánicas.

Sorprende que Sánchez haya tenido que esperar a las anécdotas esperpénticas de la negociación con la pareja Iglesias-Montero para darse cuenta de que era una coalición imposible. No es necesario aplicar adjetivos mayores para desaconsejar un contubernio de esta naturaleza: neomarxistas, chavistas o populistas. Porque esta tropa no llega a tales niveles, por desagradables que sean. Lo evidente es que esta gente, sin la menor experiencia de Gobierno que improvisa frívolamente con la economía y los asuntos estratégicos, es de la clase de personal al que lo mismo le vale una vicepresidencia para el padre que para la madre de sus hijos. Una gente que se definió en una última pirueta al borde del abismo ofreciendo, en los minutos finales, renunciar al Ministerio de Trabajo a cambio de las políticas activas de empleo, sin saber que estas competencias no residían en el Gobierno sino que estaban transferidas a las Comunidades Autónomas. La pirueta provocó que pudiera burlarse desde la tribuna la portavoz del PSOE diciéndole que era un conductor que no sabía dónde estaba el volante.

Pensar que en el siglo XXI una potencia media altamente desarrollada como España, integrada en la Unión Europea, en la OTAN y con lazos defensivos bilaterales con Estados Unidos pueda ser administrada por ministros inexpertos y contaminados por relaciones internacionales del más bajo nivel cultural y político es no conocer el mundo libre del que formamos parte. Sánchez si lo conoce o, cuando menos, ha hecho un cursillo acelerado de relaciones internacionales en sus meses de gobernante en funciones. Por ello sus ofertas a Podemos no tenían perdón de Dios ni del Apóstol Santiago.

Si nos abocamos a unas nuevas elecciones, que sería lo más justo y razonable, es de esperar que los partidos del ala constitucionalista que concurrieron a las pasadas divididos y ofuscados por sus rivalidades hayan tomado nota de lo que tienen que hacer en el futuro. Es imperdonable perder la mayoría del Senado pudiendo concurrir en unas listas únicas proporcionadas según los resultados pasados. Es imperdonable que no se establezcan acuerdos para constituir algunas candidaturas en aquellas provincias menores en que se sabe que solo emergerán dos partidos como poder y oposición. Y es imperdonable que se espere a los últimos días para converger en temas doctrinales y no hacer pesar diferencias electoralmente inoportunas a la hora de entenderse en los principios fundamentales de la unidad y libertad de los españoles. Cataluña tampoco puede seguir estando ausente de una toma de posición común a cualquiera de las partes con una concurrencia más robusta y compacta en unas elecciones en las que habrá que ver qué posibilidades alcanzan los partidos constitucionalistas para ganar o para imponer la negociación con ellos y no con los esperpénticos socios preferentes con que ha intentado instalarse en la Moncloa Pedro Sánchez.

Pero, para no dejar sin provecho a la protección del Apóstol hay que decir que, en el caso de que la prospectiva electoral ofreciese mejores oportunidades de Gobierno al PSOE, también debe existir en el centro-derecha previsión de asumir la situación, entenderla y tener capacidad de condicionarla desde una oposición unida. También un Gobierno socialista liberado de servidumbres incompetentes y separatistas es mejor para España que otro asalto frentepopulista de otro gobierno Frankenstein. Lo que se le ofrece a todos los españoles, electores y elegidos, es la oportunidad de aprovechar con sentido común la oportunidad de una profunda reflexión que se les brindó como una pausa milagrosa el día del Apóstol de “¡Santiago y cierra, España!”.

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